lunes, 18 de abril de 2016

Ojos cerrados


…Yo estoy sola. No tengo más que cerrar los ojos para darme cuenta. Cuando se quiere saber donde se está, se cierran los ojos. Estamos donde nos encontramos cuando tenemos los ojos cerrados: estamos en la oscuridad y en el vacío…

Rejéan Ducharme, El valle de los avasallados
Ed. Domaverso
Trad: Miguel Rei

domingo, 17 de abril de 2016

Un pájaro cansado



Era
un
pájaro
cansado
y
tú
estabas
casualmente
allí
de
pie
con
un
cuchillo

y una bolsa, vacía de alas.

Matilda Södergran

Fot. Retrato de Matilda Södergran, anónimo

Éxtasis


El éxtasis

Estoy ante este paisaje femenino
Como un niño ante el fuego
Sonriendo vagamente con lágrimas en los ojos
Ante este paisaje en que todo me emociona
Donde espejos se empañan donde espejos se limpian
Reflejando dos cuerpos desnudos estación a estación

Tengo tantas razones para perderme
En esta tierra sin caminos bajo este cielo sin horizonte
hermosas razones que ayer ignoraba
Y que ya nunca olvidaré
Hermosas llaves de miradas claves hijas de sí mismas
Ante este paisaje donde la naturaleza es mía

Ante el fuego el primer fuego
Buena razón maestra

Estrella identificada
Y en la tierra y bajo el cielo fuera de mi corazón y en él
Segundo brote primera hoja verde
Que el mar cubre con sus alas
Y el sol al fondo de todo que viene de nosotros

Estoy ante este paisaje femenino
Como rama en el fuego.

Paul Éluard


Fot. Le temps déborde
Ed. Les Cahiers d’Art, Paris, 1947
par Paul Éluard, Dora Maar et Man Ray

sábado, 16 de abril de 2016

Saciedad


En todas las pasiones hay un momento de saciedad espantoso.

Pascal Quignard Vida Secreta
Ed. Espasa Calpe, 2004
Trad. Encarna Castejón

Tan pronto como nacido muere


Regreso muchos inviernos más tarde. En este invierno sin fin mucho más tarde. Este corazón sin fin de invierno. Demasiado pronto. Hela ahí tal como fue dejada. Allí donde. Siempre o regresada. Ojos cerrados en la oscuridad. A la oscuridad. En su propia oscuridad. En los labios misma millonésima parte de sonrisa si hay una. Concisamente con vida como ella sola sabe estarlo ni más ni menos. ¡Menos! En relación con la verdadera piedra. No menos tristemente en buen estado los lugares mal vueltos a ver a primera vista. Con la feliz excepción de las claraboyas más opacas. La luz ya no pasaría sino aun cuando regresara. En el exterior en cambio progreso. Hacia la noche continua. Piedra por todas partes. El día tan pronto como nacido muere. Desechado todo lo mal visto mal dicho. El ojo ha cambiado. Y su estúpida leyenda. La ausencia los ha cambiado. No lo suficiente. Hora de volver a partir. O de cambiar otra vez. De donde regresados demasiado pronto. Cambiados no lo suficiente. Extraños no lo suficiente. Para todo lo mal visto mal dicho. Luego regresar otra vez. Débiles de lo que hace falta para acabar con ello finalmente. Con ella sus cielos y lugares. Y si aún demasiado pronto volver a partir otra vez. Cambiar otra vez. Regresar de nuevo. Salvo impedimento. Ah. Así sucesivamente. Hasta poder acabar con ello finalmente. Con todo este fárrago. En la noche continua. Piedra por todas partes. Primero pues partir. Pero primero volver a verla. Tal como fue dejada. Y el refugio. Bajo el ojo cambiado que también allí eso cambia. Trabaja en ello. Sólo un adiós. Luego volver a partir. Salvo impedimento. Ah.

Samuel Beckett  Mal visto mal dicho
Incluido en Relatos
Ed: Tusquets Editores
Trad. Félix de Azúa, Ana Maria Moix y Jenaro Talens

Fot. Anselm Kiefer

viernes, 15 de abril de 2016

La ordenación del mundo


A veces (y no trates
de restarle importancia
diciendo que no ocurre con frecuencia)
se te quiebra la vara con que mides,
se te extravía la brújula
y ya no entiendes nada.

El día se convierte en una sucesión
de hechos incoherentes, de funciones
que vas desempeñando por inercia y por hábito.

Y lo vives. Y dictas el oficio
a quienes corresponde. Y das la clase
lo mismo a los alumnos inscritos que al oyente.
Y en la noche redactas el texto que la imprenta
devorará mañana.

Y vigilas (oh, sólo por encima)
la marcha de la casa, la perfecta
coordinación de múltiples programas
—porque el hijo mayor ya viste de etiqueta
para ir de chambelán a un baile de quince años
y el menor quiere ser futbolista y el de en medio
tiene un póster del Che junto a su tocadiscos.

Y repasas las cuentas del gasto y reflexionas,
junto a la cocinera, sobre el costo
de la vida y el ars magna combinatoria
del que surge el menú posible y cotidiano.

Y aún tienes voluntad para desmaquillarte
y ponerte la crema nutritiva y aún leer
algunas líneas antes de consumir la lámpara.

Y ya en la oscuridad, en el umbral del sueño,
echas de menos lo que se ha perdido:
el diamante de más precio, la carta
de marear, el libro
con cien preguntas básicas (y sus correspondientes
respuestas) para un diálogo
elemental siquiera con la Esfinge.

Y tienes la penosa sensación
de que en el crucigrama se deslizó una errata
que lo hace irresoluble.

Y deletreas el nombre del Caos. Y no puedes
dormir si no destapas
el frasco de pastillas y si no tragas una
en la que se condensa,
químicamente pura, la ordenación del mundo.

En la Tierra de enmedio, 1972

Lo bello



Pues lo bello no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces de soportar,
lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos.
Denn das Schöne ist nichts
als des Schrecklichen Anfang, den wir noch gerade ertragen,
und wir bewundern es so, weil es gelassen verschmäht,
uns zu zerstören.

La Primera Elegía (frag.)
Las Elegías de Duino, 1922

jueves, 14 de abril de 2016

Inconsciencia


Pasar toda la vida durmiendo con un sueño agradable, ¡qué felicidad! ¡Y si el sueño no tuviera ensueños! Entonces, aún felicidad mayor. Pero el sueño está preñado de vida, porque en las honduras de esa muerte diaria se vive sin conciencia de que se vive.

Pío Baroja  Camino de perfección, 1902
Ed. Alianza, 2005

Fot. anónima de Pío Baroja

Un momento puro


Sin que nadie lo supiera
hubo un momento puro
en el que nada hubo.

miércoles, 13 de abril de 2016

Orígenes del cine

La mirada de quien ama


A lo largo del golfo, por encima de la costa, esos frescos antiguos en las paredes o en las entradas de las cuevas de piedra, solemnes, sonando con el amor, aterrorizados, de un rojo y un amarillo intensos, esperaban también. Esperaban absolutamente. Esperaban sin indignarse representar su deseo. Todos estaban inmóviles poco antes del acontecimiento inevitable que iba a producirse y que nunca manifestaban en la pared desnuda que se ofrecía a la mano del pintor. Los héroes miraban eternamente a su propio pintor, que antes los había visto dentro de sí mismo, en la noche detrás de sus parpados, antes de grabar su reflejo en la pared. Reconocemos a quienes se aman por la mirada.

Pascal Quignard Vida Secreta
Ed. Espasa Calpe, 2004
Traducción: Encarna Castejón

Fot. Jaromir Funke

martes, 12 de abril de 2016

Fotomatón


Audrey Hepburn, Mel Ferrer & Truman Capote en un fotomatón, c 1956

La noche sin sueño



¿Por qué el amor es misterioso (misterioso quiere decir místico, y místico quiere decir silencioso), inefable, indecible, inexpresable, so pena de muerte? ¿Por qué la noche sin sueño es la guarida mística de ese silencio?

Pascal Quignard  Vida Secreta
Ed. Espasa Calpe, 2004
Trad. Encarna Castejón

lunes, 11 de abril de 2016

Librería de la Luna


George Brassaï
La Librairie de la Lune, Paris, c1930s

Un mero hábito


2 de febrero 1944

Cierto tipo de vida cotidiana (horas fijas, lugares cerrados, mismas personas, formas y lugares de piedad) conducía a pensamientos sobrenaturales. Sales de este esquema y los pensamientos escapan. Somos un mero hábito.

Cesare Pavese  El oficio de vivir. El oficio de poeta.
Ed. Bruguera Alfaguara, 1979
Trad. Esther Benítez

domingo, 10 de abril de 2016

Más inútil que la vida


Ser

Con la frente como una bandera perdida
te arrastro cuando estoy solo
por calles heladas
por cuartos negros
proclamando infortunios

No quiero abandonar
tus manos claras y complicadas
nacidas en el encerrado espejo de las mías

Todo lo demás es perfecto
todo lo demás es todavía más inútil
que la vida

Excava la tierra bajo tu sombra,
un estanque junto a los senos
donde hundirse
como una piedra.

Paul Éluard
Poeta trabajando
Traducción de de Luis A. Cano

Fot. Fotograma de Joe Strummer
The Future Is Unwritten
 2007 dirigido por Julien Temple

Espacio para la fealdad


Yo viví en la dulce y perpetua espera del azar. Comprendí que la sed de disfrutar que nace en cada momento de voluptuosidad, se anticipa al gozo, de la misma manera como existen respuestas listas para cualquier pregunta. Fui feliz cuando las fuentes de agua me revelaron que tenía sed, y cuando estando en pleno desierto (donde la sed no se puede saciar), preferí, a pesar de todo, la fuerza febril que me inspiraba el furor del sol. Ciertas noches hallé oasis maravillosos que el deseo acumulado durante todo el día hacían más frescos aún. En la extensión de arena golpeada por el sol y como adormecida por un gran sueño - el calor era tal que vibraba en el aire - sentí el pulso de la vida, una vida que no podía dormir, que se desvanecía de tanto temblar en el horizonte, y que estaba henchida de amor a mis pies. Lo único que buscaba día a día, minuto a minuto, era hallar la manera más pura de penetrar la naturaleza. 
Había recibido un don, preciado, el de no poner mayor freno a mi ser. Recordar el pasado influyó en mí sólo para dar unidad a mi vida: era como el hilo de Teseo que lo unía a su antiguo amor pero que no le impedía atravesar los paisajes más desconocidos, aunque al final, el hilo terminara por romperse. Qué increíbles involuciones! Por las mañanas, yo saboreaba en mis caminatas la presencia de una nueva existencia, el nacimiento de mi percepción. "Oh! poeta, exclamaba, tú tienes la facultad del descubrimiento perpetuo". Estaba totalmente receptivo. Mi alma era un albergue acogedor en el cruce de los caminos y recibía todo lo que se dejara captar. Me dejé buenamente convertir en un ser dócil, capaz de escuchar, al punto de no pensar en lo absoluto en mí mismo, de comprender todas las emociones que se presentaban delante de mí. Logré aplacar todo impulso de reacción hasta ya no considerar nada como algo malo y no tener que protestar por una nimiedad. Me di pronto cuenta además, que en mi apreciación de lo bello había también espacio para la fealdad.

André Gide Los alimentos terrenales
Ed. Alianza, 2015
Trad. María Concepción García-Lomas

sábado, 9 de abril de 2016

Adentro


Resbalar sobre la propia vida, sin adentrarse en ella, puede ocurrir con suma facilidad.

Nada


Nombrar, no, nada es nombrable; decir, no, nada es decible; entonces qué; no sé, no tenía que haber comenzado.

Samuel Beckett
Relatos y Textos para nada
Ed. JPM Ediciones, 2015
Trad. José Francisco Fernández

Fot. Norman Duenas

viernes, 8 de abril de 2016

La serpiente

Vanidad


Vanidad (Vallone, 19 de agosto de 1917)

De improviso
está, alto,
sobre las ruinas
el límpido
estupor
de la inmensidad

Y el hombre
encorvado
sobre el agua
sorprendida
por el sol
se descubre
una sombra

Mecida y
despacio
rota


Vanità (Vallone il 19 agosto 1917).

D’improvviso 
è alto
sulle macerie
il limpido
stupore
dell’immensitá

E l’uomo
 curvato
sull’acqua
sorpresa
dal sole
si rinviene
un’ombra

Cullata e 
piano
franta

Giuseppe Ungaretti

Fot. anónima de Ungaretti
Piazza del Duomo, 1957

jueves, 7 de abril de 2016

Certeza


Ya sé que hay viajeros que antes de partir se fortifican contra la sorpresa y contra lo imprevisto, es decir, contra lo nunca visto. También hay escritores que calculan sus libros tan meticulosamente como un turista sus itinerarios, y amantes que sólo apetecen la rutina y habitan confortablemente el tedio. Pero uno, que ha perdido tantas certezas en los últimos años, ya casi sólo una de ellas conserva, la de que no vale la pena vivir sino lo que no se ha vivido nunca ni decir nada más de lo que nunca se ha dicho.

Antonio Muñoz Molina, Córdoba de los Omeyas
Ed. Fundación José Manuel Lara, 2007


Fot. Pablo Mediavilla Costa, Antonio Muñoz Molina
Cafetería Hungarian Pastry Shop, Nueva York, 2012

Mis versos


Mis versos, escritos tan temprano
que no sabía aún que era poeta,
inquietos como gotas de una fuente,
como chispas de un cometa,

lanzados como ágiles diablillos al asalto
del santuario donde todo es sueño e incienso,
mis versos de juventud y de muerte
-¡mis versos, que nadie lee!-,

en el polvo de los estantes dispersos
-¡que ninguna mano toca!-,
como vinos preciosos, mis versos
también tendrán su hora.

Marina Tsvetáyeva
Mis versos, escritos tan temprano…
Versión de Severo Sarduy

Fot. anónima de Marina Tsvetáyeva

miércoles, 6 de abril de 2016

La pulpa de los labios


He venido a reconstruir piedra por piedra esa ciudad en mi mente, esas provincias melancólicas que el viejo veía llenas de las “ruinas sombrías” de su vida. Estrépito de los tranvías estremeciéndose en sus venas metálicas mientras atraviesan la meidan color de iodo de Mazarita. Oro, fósforo, magnesio, papel. Allí nos encontrábamos a menudo. En verano había un tenderete abigarrado donde a ella le gustaba saborear tajadas de sandía y sorbetes de colores brillantes. Naturalmente, llegaba siempre un poco tarde, de vuelta quizá de una cita en una habitación oscura en la que yo trataba de no pensar, tan frescos, tan jóvenes eran los pétalos abiertos de la boca que caía sobre la mía para saciar la sed del verano. Quizás el hombre a quien acababa de abandonar rondaba aún en su memoria, quizá persistía aún en ella el polen de sus besos. Pero eso importaba muy poco ahora que sentía el leve peso de su cuerpo apoyando su brazo en el mío, sonriendo con la sinceridad generosa de los que han renunciado a todo secreto. Era bueno estar allí desmañados, un poco tímidos, respirando agitadamente porque sabíamos lo que cada uno esperaba del otro. Los mensajes se transmitían prescindiendo de la conciencia, por la pulpa de los labios, por los ojos, por los sorbetes, por el tenderete abigarrado. Permanecer allí alegremente, tomados de los meñiques, bebiendo la tarde profundamente olorosa a alcanfor, como si fuéramos parte de la ciudad…

Lawrence Durrell, El cuarteto de Alejandría
Ed. Edhasa, 2004
Trad. Aurora Bernárdez

Latido


The past beats inside me like a second heart.

John Banville
The Sea

Fot. Paul Citröen
Estrella, 1932

martes, 5 de abril de 2016

Pictorialismo

Rue de L'Odéon


Y luego caía la noche.
Adrienne, antes de cerrar la tienda, a solas con sus libros, como se sonríe a los ángeles, les sonreía. Los libros, como diablillos buenos, le devolvían la sonrisa. Conservaba esa sonrisa y se iba. Y esa sonrisa iluminaba toda la calle, la Rue de l’Odéon, la calle de Adrienne Monnier.

lunes, 4 de abril de 2016

Caer


Caeré como una hoja
Sola digna y sin maquillaje


Vogue Italia June 2013

Nada dorado permanece


El primer brote de la naturaleza es dorado,
su matiz más difícil de mantener.
Su hoja temprana es una flor;
pero es así sólo una hora.
Después las hojas ceden hacia otras hojas.
Así como el Edén se hundió en angustia,
el amanecer acaba enterrado en día. 
Nada dorado permanece.

Nothing Gold Can Stay

domingo, 3 de abril de 2016

El filo del silencio


Sin armas.
Ni las dulces sonrisas,
ni las llamas rápidas de la ira.
Sin armas.
Ni las aguas de la bondad sin fondo, 
ni la perfidia, corvo pico.
Nada. Sin armas. Sola.
Ceñida en tu silencio.
«Sí» y «no», «mañana» y «cuando»,
quiebran agudas puntas
de inútiles saetas
en tu silencio liso
sin derrota ni gloria.
¡Cuidado!, que te mata
-fría, invencible, eterna-
eso, lo que te guarda,
eso, lo que te salva,
el filo del silencio que tú aguzas.

Pedro Salinas
Sin voz, desnuda


Fot. Karl F. Struss
Storm Clouds, 1921

Sweet Evelyn


Nada hay más extraño ni más delicado que la relación entre personas que solo se conocen de vista, que se encuentran y se observan cada día, a todas horas y, no obstante, se ven obligados, ya sea por convencionalismo social o por capricho propio, a fingir una indiferente extrañeza y a no intercambiar saludo ni palabra alguna. Entre ellas va surgiendo una curiosidad sobreexcitada e inquieta, la histeria resultante de una necesidad de conocimiento y comunicación insatisfecha y anormalmente reprimida, y, sobre todo, una especie de tenso respeto. Pues el hombre ama y respeta al hombre mientras no se halle en condiciones de juzgarlo, y el deseo vehemente es el resultado de un conocimiento imperfecto.

Thomas Mann
La muerte en Venecia
Ed. Edhasa, 2006
Trad. Juan José del Solar

Fot. Morris Engel
Sweet Evelyn, New York City, 1938

sábado, 2 de abril de 2016

La Maison des Amis des Livres


La Rue de l’Odéon poseía la tranquilidad de un pueblo. Allí se encontraba la librería La Maison des Amis des Livres. Si uno observaba con detenimiento, podía ver en la entrada a su propietaria, Adrienne Monnier, con su pelo corto y su largo vestido suelto. 

En mi época de estudiante esa librería representaba ese mundo fascinante , tan cercano,y aún así tan lejano, de la literatura moderna: lejano porque todavía no conocía ni a uno solo de de los autores ; cercano porque devoraba muchísimos de sus libros, que pedía prestados de la biblioteca de Adrienne. Además descubrí los rostros de algunos de ellos a través de los retratos con dedicatoria que tapizaban las paredes de la librería. Escuchaba a escondidas a la dueña de aquel santuario - que me intimidaba con su ropa distinta y sus amigos nobles- hablando de la forma más natural e íntima de gente muy conocida cuyos nombres me dejaban algo aturdida. Podía estar contándole a algún cliente, por ejemplo, que había visto a Válery justo la noche anterior o que Gide no se encontraba muy bien. León Paul Fargue y Jacques Prévost eran otros de los autores a los que muy a menudo se veía conversar con Adrienne. Y a veces, con el corazón en un puño, veía de repente materializarse ante mí en carne y hueso al más distante e inaccesible de todos: James Joyce, cuyo Ulises había leído en francés con gran asombro. 

Extraído del prólogo de James Joyce in París : His final years 
Cassel and Company Ltd.,1965

Fot. James Joyce y Adrienne Monnier en la calle de l'Odéon, París

Hoy no pasó nada


23 de diciembre

Hoy no pasó nada. Y si pasó algo es mejor callarlo, pues no lo entendí.

viernes, 1 de abril de 2016

Eran las sombras


No, no soy yo quien le ha hecho estar triste.
Fue la noche que se hizo del polvo y, ardiente,
a ella besaba, ahogada en el ocre, cual polen.
Eran las sombras, palpándole el pulso.

Individuo y República


La verdadera armonía en una república sólo puede producirse si el individuo, en lugar de tratar de sacar provecho personal de su puesto público, antepone los intereses de la comunidad a los privados. Sólo si la riqueza no se despilfarra en el lujo y la disipación, sino que se administra y se transforma en cultura espiritual, artística, sólo si la aristocracia renuncia a su orgullo, y la plebe, en lugar de dejarse sobornar por los demagogos y de vender el Estado a un partido, exige sus derechos naturales, sólo entonces puede restablecerse la república.

Stefan Zweig, Cicerón
Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas.
Ed. Acantilado, 2002
Trad. Berta Vías Mahou

jueves, 31 de marzo de 2016

El grano de locura


Si no captas la pequeña raíz o el pequeño grano de locura de alguien, no puedes amarlo. En alguna parte todos somos dementes ¿no? El punto de demencia de alguien llega a ser la fuente misma de su encanto.

Gilles Deleuze

Fot. Hélène Bamberger, Gilles Deleuze

Hipótesis no verificada


A veces me dormía tan pesadamente sobre el diván que al despertar experimentaba un estupor angustiado: como si mi conciencia, al emerger anónimamente de la noche, dudara antes de reencarnarse. O contemplaba con mirada incrédula el decorado familiar: reverso ilusorio y tornasolado del vacío donde me había sumergido. Mi mirada se detenía sorprendida en los objetos que había traído de los cuatro rincones de Europa. Mis viajes, el espacio no conservaba huella de ellos, mi memoria desdeñaba evocarlos; y las muñecas, los vasos, las baratijas estaban allí. Una nada me fascinaba, me obsesionaba. Encontrar un pañuelo de seda roja y un almohadón violeta: ¿cuándo he visto por última vez fucsias, su vestido de obispo y cardenal, su largo sexo frágil? La campanilla luminosa, la simple rosa silvestre, la madreselva desgreñada, los narcisos, abriendo en su blancura grandes ojos atónitos, ¿cuándo? Podían no existir ya en el mundo y no lo sabría. Ni nenúfares en los estanques, ni trigo sarraceno en la campiña. La tierra está a mi alrededor como una vasta hipótesis que ya no verifico.

Simone de Beauvoir, La edad de la discreción
Incluido en La mujer rota
Ed. Edhasa, 2007
Trad: Dolores Sierra y Neus Sánchez

miércoles, 30 de marzo de 2016

Los raros


Seguid a los raros, y no a las personas vulgares

Francesco Petrarca

Fot. Bronzino
Portrait of Laura Battiferri 
(detalle de libro con sonetos de Petrarca)

Los libros


[…] los libros me salvaron de la desesperación; eso me ha persuadido de que la cultura es el más alto de los valores, y no logro considerar esta convicción con mirada crítica.

Simone de Beauvoir, La edad de la discreción
Incluido en La mujer rota
Ed. Edhasa, 2007
Trad: Dolores Sierra y Neus Sánchez

Fot. Gisèle Freund, Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre, Paris, 1963

martes, 29 de marzo de 2016

Nada


Nada
en mis manos nada
en mis cuadernos
nada en mis zapatos
nada en el sombrero
de mi madre, nada
en mis ojos
en mi casa
en el paisaje
entre las olas nada
bajo los bancos del parque
debajo de mi ropa empapada
entre las líneas que escribo
en las del diccionario
de sánscrito
en la tinta que se escapa
del bolígrafo
en mis palabras nada
nada sobre la nada
que describo
en cuatro letras
porque todo
lo que no cabe en ellas
se ha agolpado en el centro
de mi pecho
y late y luego
me devora
con la voracidad
de un animal hambriento.
hasta que no queda nada
de mi salvo esa nada
que todo lo vomita
mis ojos mis cuadernos
mi casa y el sombrero
de mi madre las cuatro
letras que la indican
y el mismo latido
feroz que me devora
pronunciando
tu nombre.
Juegos de magia

Chantal Maillard

Fot. anónima de Chantal Maillard aún niña

Suicidio en Alejandría


(Narraciones)

Suicidio en Alejandría.

13 y 22

Cuando pusieron la cabeza cortada sobre la mesa del despacho, se rompieron todos los cristales de la ciudad. "Será necesario calmar a esas rosas", dijo la anciana. Pasaba un automóvil y era un 13. Pasaba otro automóvil y era un 22. Pasaba una tienda y era un 13. Pasaba un kilómetro y era un 22. La situación se hizo insostenible. Había necesidad de romper para siempre.

12 y 21

Después de la terrible ceremonia se subieron todos a la última hoja del espino, pero la hormiga era tan grande, tan grande, que se tuvo que quedar en el suelo con el martillo y el ojo enhebrado.

11 y 20

Luego se fueron en automóvil. Querían suicidarse para dar ejemplo y evitar que ninguna canoa se pudiera acercar a la orilla.

10 y 19

Rompían los tabiques y agitaban los pañuelos. ¡Genoveva! ¡Genoveva! Era de noche y se hacía precisa la dentadura y el látigo.

9 y 18

Se suicidaban sin remedio, es decir, nos suicidábamos. ¡Corazón mío! ¡Amor! La Tour Eiffel es hermosa y el sombrío Támesis también. Si vamos a casa de lord Butown nos darán la cabeza de langosta y el pequeño círculo de humo. Pero nosotros no iremos a casa de ese chileno.

8 y 17

Ya no tiene remedio. Bésame sin romperme la corbata. Bésame, bésame.

7 y 16

Yo, un niño, y tú, lo que quiera el mar. Reconozcamos que la mejilla derecha es un mundo sin normas y la astronomía un pedacito de jabón.

6 y 15

Adiós. ¡Socorro! Amor, amor mío. Ya morimos juntos. ¡Ay! Terminad vosotros por caridad este poema.

5 y 14

4 y 13

Al llegar este momento vimos a los amantes abrazarse sobre las olas.

3 y 12

2 y 11

1 y 10

Un golpe de mar violentísimo barrió los muelles y cubiertas de los barcos. Sólo se sentía una voz sorda entre los peces que clamaba.

9

8

7

6

5

4

3

2

1

0

Nunca olvidaremos los veraneantes de la playa de Alejandría aquella emocionante escena de amor que arrancó lágrimas de todos los ojos.

Federico García Lorca

lunes, 28 de marzo de 2016

Presencia y sensación


El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable, que cabe en nuestros brazos y que, no obstante, es ilimitada. Al abrazar a la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia. Dispersión del cuerpo deseado: vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo de mi pareja deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro. Nos perdemos como personas y nos recobramos como sensaciones.

Octavio Paz, La llama doble
Ed. Seix Barral, 2001

Cuéntamelo todo


En muchas familias nadie escribe versos,
pero si lo hacen, es raro que sea solo una persona.
A veces la poesía fluye en cascadas de generaciones,
creando peligrosos remolinos en sus mutuos sentimientos.

Mi hermana cultiva una buena prosa hablada,
y toda su escritura son postales de sus viajes
con textos que prometen lo mismo cada año:
que cuando vuelva,
me contará todo,
todo,
todo.

El gran número, 1976

Fot. Elżbieta Lempp
Wisława Szymborska, Krakow, 2000

domingo, 27 de marzo de 2016

La ilusión de la luz


No hay motivo para permanecer en la oscuridad
Salvo si es el tiempo suficiente como para borrar de la mente
La ilusión de que alguna vez estuvo en la luz

T. S. Eliot, The Cocktail Party, fragmento

Fot. Vivienne Haigh-Wood Eliot, 1930

primera esposa de T. S. Eliot

Ginsberg & Kerouac

Fot. Allen Ginsberg
Jack Kerouac the last time he visited my apartment 
704 East 5th Street, N.Y.C.… Fall 1964

sábado, 26 de marzo de 2016

Los sustitutos


Le prometía que amándome iba a serle accesible un lugar de justicia perfecta. Esto le decía sin estar yo misma enamorada, habiendo sólo en mí la voluntad de ser amada por él y no por otro. Es tan difícil hablar de esto. Cuando vi su rostro por primera vez, deseé que fuera de amor al volverse hacia mi rostro. Quise sus ojos despeñándose en los míos. De esto quiero hablar. De un amor imposible porque no hay amor. Historia de amor sin amor. Me apresuro. Hay amor. Hay amor de la misma manera en que recién salí a la noche y dije: hay viento. No es una historia sin amor. Más bien habría que hablar de los sustitutos.

Alejandra Pizarnik, Prosa completa
Ed. Lumen, 2003

Fot. Sara Facio, Alejandra Pizarnik at her parents’ home, Buenos Aires

Leer


Leer es soñar de la mano de otro.

Fernando Pessoa

Fot. anónima, 1929

viernes, 25 de marzo de 2016

El amor, por ejemplo


Soy de la misma opinión que Dante, y no comparto la de Stendhal ni la de Mérimée, que decían ser siempre felices: los recuerdos de las cosas felices envenenan la vida cuando éstas ya no se pueden tener. El amor, por ejemplo.

Paul Léautaud

Fot. Henri Cartier-Bresson, Paul Léautaud [Fontenay-aux-Roses], 1952

Los justos


Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire. El que agradece que en la tierra haya música. El que descubre con placer una etimología. Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez. El ceramista que premedita un color y una forma. Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada. Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto. El que acaricia a un animal dormido. El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho. El que agradece que en la tierra haya Stevenson. El que prefiere que los otros tengan razón. Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Jorge Luis Borges, Los Justos

jueves, 24 de marzo de 2016

Ideas y sensaciones


Nunca he sido capaz de hablar como pienso, con nadie. Con la mayoría de la gente sólo se puede hablar de las ideas, no sobre el canal por el que estas ideas pasan, la atmósfera en la que se bañan, la esencia sutil que se escapa cuando uno se viste de ellas. La mayoría de las veces, no me siento con ganas de hablar sobre las ideas de todos modos. Estoy más interesada en las sensaciones.

Anaïs Nin, Diarios amorosos
Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva Cencio

Lenguaje


No hay contraste entre obtener la verdad y obtener la libertad. Obtener cualquiera de ambas equivale simplemente a hacer el futuro humano más grande que el pasado humano, más grande en el sentido de crear seres humanos que puedan imaginar más y hacer más. En lugar del lema un tanto engañoso la verdad nos hará más libres, deberíamos decir nuestra capacidad para volver a describir las cosas con términos novedosos nos hará más ricos, complejos e interesantes de lo que éramos.

Richard Rorty, Prólogo a Filosofía y futuro
Ed. Gedisa, 2009
Trad. Javier Calvo y Ángela Ackermann