lunes, 25 de diciembre de 2017

Estoy cansado, claro


Estoy cansado, claro,
Porque a esta altura uno tiene que estar cansado.
De qué estoy cansado, no lo sé;
Y de nada serviría saberlo,
Porque el cansancio seguiría igual.
La herida duele porque duele,
No en función de la causa que la ha abierto.
Sí, estoy cansado
Y un poco sonriente
De que el cansancio sea sólo esto:
Ganas de dormir en el cuerpo,
Deseo de no pensar en el alma
Y por encima de todo una transparencia lúcida.



Descartes


"No evoluciono: viajo", escribió Pessoa.
De algún modo esto me recuerda que en ocasiones se puede conocer mejor a un hombre por todo lo que desdeña que por lo que aprecia, y me recuerda también que, como creo que dice Piglia, en la literatura no existe lo que llamamos 'progreso', del mismo modo que uno no sueña mejor a lo largo del tiempo: tal vez lo que más se aprende a medida que se escribe es lo que se prefiere no hacer; seguramente avanzamos por descartes.

Enrique Vila-Matas
Mac y su contratiempo
Ed. Seix Barral, 2017

Collage Katrien de Blauwer

Dejar de ser


Asumir la fatiga hasta el máximo: hasta dejar de escribir, de respirar.
Abandonarse. 
Dar paso libre al dejar de ser.


Ed. Tusquets, 1999

sábado, 23 de diciembre de 2017

La propia noche


Nunca he tenido otra dirección ni más camino que la pasión que no se agota en mí y que no se retira de mi vientre, de los bajos de mi vientre, de mis pulmones, de mis manos, de mi cabeza y que, a cada instante en que tengo la convicción de que está a punto de abandonarme, regresa sin cesar como una resaca. Pasión que es sonar en silencio. Escribir. Resonar con una especie de estruendo en el silencio del cuerpo. Resonar más allá del agua negra, resonar en algo que es como la noche del mundo antiguo. Pueden usarse las palabras que se quieran. Es lo que dio lugar a que Jerónimo caracterizase el silencio de Asella como un "silencio parlante". Un silentium loquens. Toda obra escrita, verdaderamente escrita, es un silencio que habla. Es golpear un tambor de seda para llamar a una mujer que se niega; y hacer que la pena por esta negativa acabe matando. Corro; acelero el paso hacia unas hojas muy pequeñas y los flancos fantasmas de los abedules. Su corteza es agrietada y blanca como una ola de tempestad. He visto a los finlandeses emplear sus hojas a modo de té y sumergirlas en cacerolas negras. Acelero el paso para inmovilizarme aún más. Toco la página. Me alelo en el silencio. Me avengo a cuanto esta necesidad ordena, sin saber adónde pretende conducir. Nunca le hago preguntas al silencio. No se interroga con palabras a lo otro del lenguaje. Me arrebata más obedecer con los ojos cerrados a mi propia noche.

TRATADO 1. TRATADO SOBRE CORDESSE
Ed. Sextopiso \ Kurimanzutto
Trad. Miguel Morey

Fot. Mert Alas & Marcus Piggott
Natalia Vodianova, 2006

viernes, 22 de diciembre de 2017

La plantita de trébol


La primera mentira que Julio le dijo a Emilia fue que había leído a Marcel Proust. No solía mentir sobre sus lecturas, pero aquella segunda noche, cuando ambos sabían que comenzaban algo, y que ese algo, durara lo que durara, iba a ser importante, aquella noche Julio impostó la voz y fingió intimidad, y dijo que sí, que había leído a Proust, a los diecisiete años, un verano, en Quintero. Por entonces ya nadie veraneaba en Quintero, ni siquiera los padres de Julio, que se habían conocido en la playa de El Durazno, iban a Quintero, un balneario bello pero ahora invadido por el lumpen, donde Julio, a los diecisiete, se consiguió la casa de sus abuelos para encerrarse a leer "En busca del tiempo perdido". Era mentira, desde luego: había ido a Quintero aquel verano, y había leído mucho, pero a Jack Kerouac, a Heinrich Böll, a Vladimir Nabokov, a Truman Capote y a Enrique Lihn, que no a Marcel Proust.

En la historia de Emilia y Julio, en todo caso, hay más omisiones que mentiras, y menos omisiones que verdades, verdades de esas que se llaman absolutas y que suelen ser incómodas.

La de Emilia y Julio fue una relacion plagada de verdades, de revelaciones íntimas que constituyeron rápidamente una complicidad que ellos quisieron entender como definitiva. Ésta es, entonces, una historia liviana que se pone pesada. Ésta es la historia de dos estudiantes aficionados a la verdad, a dispersar frases que parecen verdaderas, a fumar cigarros eternos, y a encerrarse en la violenta complacencia de los que se creen mejores , más puros que el resto, que ese grupo inmenso y despreciable que se llama el resto.

Rápidamente aprendieron a leer lo mismo, a pensar parecido, y a disimular las diferencias. Muy pronto conformaron una vanidosa intimidad. Al menos por aquel tiempo, Julio y Emilia consiguieron fundirse en una especie de bulto. Fueron, en suma, felices. De eso no cabe duda.

Las rarezas de Julio y Emilia no eran sólo sexuales (que las había), ni emocionales (que abundaban), sino también, por así decirlo, literarias. Una noche especialmente feliz, Julio leyó, a manera de broma, un poema de Rubén Darío que Emilia dramatizó y banalizó hasta que quedó convertido en un verdadero poema sexual, un poema de sexo explícito, con gritos, con orgasmos incluidos.

Un buen o un mal día el azar los condujo a las páginas de la "Antología de la literatura fantástica" de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo. Después de imaginar bóvedas o casas sin puertas, después de inventariar los rasgos de fantasmas innombrables, recalaron en "Tantalia", un breve relato de Macedonio Fernández que los afectó profundamente.

"Tantalia" es la historia de una pareja que decide comprar una plantita de trébol para conservarla como símbolo del amor que los une. Tardíamente se dan cuenta de que si la plantita se muere, con ella también morirá el amor que los une. Y que como el amor que los une es inmenso y por ningún motivo están dispuestos a sacrificarlo, deciden perder la plantita en un trebolar entre una multitud de plantitas idénticas.
Luego viene el desconsuelo, la desgracia de saber que ya nunca podrán encontrarla.

Alejandro Zambra
Bonsái
Ed. Anagrama, 2006

Fot. Boris B Schulz
Tulips

Espejo negro


Veo que está mirando mi espejo negro… Así es, mis ojos se vuelven a él sin quererlo, se sienten atraídos contra mi voluntad. Perteneció -explica Madame- a Gauguin… Éste era su espejo negro. Eran muy comunes entre los artistas del siglo pasado. Van Gogh tenía uno. Renoir también. Los usaban para refrescar su visión. Para renovar su reacción al color, a las variaciones tonales. Después de trabajar durante un tiempo se les fatigaban los ojos, y los descansaban fijándolos en estos espejos negros. Igual que los gastrónomos en un banquete, entre platos complicados, despiertan el paladar con sorbete de limón. Yo me miro a veces cuando he estado mucho tiempo con el sol en los ojos. Calma. Calma, pero también perturba. Cuanto más se mira uno, el negro ya no es más negro, sino que toma un extraño tono azul plata, convirtiéndose en el umbral de visiones extrañas. Igual que Alicia, me siento al borde de un viaje a través del espejo, de un viaje que vacilo en emprender.

Truman Capote
Música para camaleones
Ed. Altaya
Trad: Benito Gómez Ibáñez

Fot. Annie Leibovitz
Natalie Portman, Vanity Fair, May 1999

Bartleby


Bartleby tiene eso de particular: que, para mí, está todo él contenido en este sentimiento turbio -la rareza, el alejamiento, lo irremediable, lo incasable, el vacío, etc.- y que, a mi parecer, es la más perfecta expresión del mismo. Es este sentimiento en estado puro; es decir, con todos los prolongamientos que implica. Está escrito para suscitar ese sentimiento, para expresarlo en tanto que tal sentimiento y no como un fin. Bartleby es, si se quiere, el final de un libro cuyo principio no conoceríamos, cosa que tiene por efecto el conceder a lo irremediable un mayor alcance, una especie de universalidad.
Si yo supiera por qué es bello ese sentimiento, o más bien por qué es rico, y por qué nos parece que se “abre” sobre el mundo, es decir, que va ensanchándose, que ofrece a nuestra sensibilidad todos los prolongamientos deseables, me parece que empezaría a comprender por qué y cómo me gusta Bartleby. Pero evidentemente esto es lo que no comprendo (aún).

Georges Perec
Carta a Denise Getzler

jueves, 21 de diciembre de 2017

La casa


LA CASA

Me adentraba en ella -ante mí en la cubierta del libro-,
en su planta cuadrada y un silencio en sus muebles que adivino o invento:
podría pintarla como cuando era niña y abrir con una cuchilla sus ventanas,
porque ella era mi mundo inserto en otro mundo de intimidad discreta
que yo invadía y daba a los demás.
Lo que en ella pasaba -un perro, una bombilla- me resultó feliz.


Fot. The evil reader
The North's little house

Hermanos


Veo ahora en retrospectiva la escena última de mi adiós: mudo, inmóvil, despidiéndome en silencio en el rellano, y luego esperando a que se cierren las puertas metálicas del ascensor y, justo cuando eso ocurre, a causa de la excesiva bebida ingerida, llorando en silencio mientras me digo: somos hermanos, pero mis palabras siempre acaban pareciéndome una especie de suceso metafísico que ella nunca puede llegar a conocer plenamente. Y viceversa. No importa cuánto se viva, no importa cuanto se ame, permanecemos siempre confinados en cada uno de nosotros mismos. Y eso que somos hermanos.

Enrique Vila-Matas
Mac y su contratiempo
Ed. Seix Barral, 2017

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Ni Donde Viviré Por Largos Años


Ni donde viviré por largos años,
ciudad prometida primavera,
ni donde amante amor aguarda.
Atravesando la tierra, la temerosa rueda,
quizá un árbol florecido pueda
sostener la derramada soledad.
Quizá en la sombra aquella se encontrara
sed abundante, sangre, carne, hueso,
en que albergar la voz que ahora huye.

Ni Donde Viviré Por Largos Años 

Tumba de Kazimir Malévich
con uno de sus cuadrados negros, 1935

La muerte de Ofelia


Al final del acto cuarto de Hamlet la reina Gertrudis cuenta a su marido y a Laertes la muerte de Ofelia:

Hay un sauce de ramas inclinadas sobre el arroyo
que en el cristal del agua deja ver sus hojas cenicientas.
Con ellas hizo allí guirnaldas caprichosas
con ortigas, margaritas y esas largas orquídeas
a las que los pastores deslenguados dan un nombre grosero,
pero nuestras doncellas llaman dedos de muerto.

Cuando estaba trepando para colgar su corona de hojas
en las ramas sesgadas, una, envidiosa, se quebró,
cayendo ella y su floral trofeo al llanto de las aguas.

Su vestido se desplegó,
y pudo así flotar un tiempo, tal como la sirenas,
mientras cantaba estrofas de viejos himnos,
como quien es ajeno al propio riesgo,
o igual que la criatura oriunda de ese elemento líquido.

No pasó mucho tiempo
sin que sus ropas, cargadas por el agua embebida,
arrastraran a la infeliz desde sus cánticos
a una muerte de barro.

Hamlet (la muerte de Ofelia)

martes, 19 de diciembre de 2017

Vivir como el tonto


Vivir como el tonto entre los hombres, como aquel al que todos miran con lástima y desprecio. Vivir sin explorar causa alguna, sin meter las manos en el fondo de ninguna cuestión. Y fingir, sobre todo el mudo placer de fingir. Fingir que nunca estuvimos hambrientos de certezas, que jamás nos dimos de bruces con el desencanto más absoluto. Vivir como iletrados, como seres indolentes que nunca supieron el dolor y la locura de todos los inquietos.

Javier Vicedo Alós

Fot. Henri Cartier-Bresson
Valencia, Espagne, 1933

lunes, 18 de diciembre de 2017

Esperando a los bárbaros


Y no solo eso; hubo momentos perturbadores en los que, en medio del acto sexual, notaba que me extraviaba como un narrador que pierde el hilo de su historia. Con un estremecimiento pensaba en las figuras grotescas de esos hombres viejos y obesos cuyos corazones gastados dejan de latir, muriendo en los brazos de sus amantes con una disculpa en los labios, y a los que hay que sacar y abandonar en un oscuro callejón para salvar la reputación del establecimiento. Incluso el clímax del acto se volvió remoto, débil, algo extraño. Algunas veces lo interrumpía, otras continuaba mecánicamente hasta el final. Durante semanas y meses mantuve el celibato. La calidez y la belleza de los cuerpos femeninos seguían sugiriéndome el antiguo placer, pero algo nuevo me desconcertaba. ¿Era penetrar y poseer a esas bellas criaturas lo que realmente quería? El deseo parecía acarrear consigo una sensación mágica de distancia y separación que era inútil negar. Tampoco comprendía siempre por qué una parte de mi cuerpo, con sus anhelos irracionales y falsas promesas, tenía que ocupar un lugar preferente sobre las otras para canalizar mi deseo. A veces mi sexo me parecía un ser completamente diferente, un animal estúpido viviendo en mí como un parásito, creciendo y menguando según apetitos propios, anclado en mi carne con garfios que no podía retirar. <¿Por qué tengo que llevarte de una mujer a otra? –me preguntaba-. ¿Solo porque naciste sin piernas? ¿Acaso no te daría lo mismo estar enraizado en un gato o un perro en vez de en mí?>.

J.M. Coetzee
Esperando a los bárbaros
Ed. Debolsillo, 2013
Trad. Luis Martínez Victorio

Fot. Yoshiyuki Iwase

Leyendo


Ishikawa Toraji 石川 寅治 (1875-1964)

Las siete edades


En mi primer sueño el mundo parecía
lo salado, lo amargo, lo prohibido, lo dulce.
En mi segundo sueño descendía,
era humana, no veía nada de nada
bestia como soy
debía tocarlo, contenerlo,
me escondí en la arboleda, 
trabajé en los campos hasta que quedaron yermos
-un tiempo 
que nunca volverá-
el trigo seco en gravillas, cajones
de higos y aceitunas.

Hasta amé alguna vez, a mi manera
repugnante, humana
y como todo el mundo llamé a ese logro
libertad erótica,
por absurdo que parezca.

El trigo cosechado, almacenado; seca
la última fruta: el tiempo
que se acumula, sin usar, 
¿también termina?

Las siete edades
Versión Mira Rosenberg.
Edit. Pre-Textos

domingo, 17 de diciembre de 2017

La protección de la pérdida


A la pregunta siempre embarazosa: ¿qué estás escribiendo ahora?, respondo que escribo sobre flores y que otro día elegiré un tema todavía más nimio, más humilde si cabe. Una taza de café solo. Las aventuras de una flor de cerezo. Pero por ahora tengo ya mucho para ver: nueve tulipanes muriéndose de risa en un jarrón transparente. Miro su estremecimiento bajo las alas del tiempo que pasa. Tienen una manera radiante de estar indefensos y escribo esta frase a su dictado: "Lo que constituye un acontecimiento es lo que está vivo y lo que está vivo es lo que no se protege de su pérdida".

Christian Bobin
Autorretrato con radiador
Ed. Árdora, 2006
Trad. José Ardán

Fot. Charles Jones

El mundo seguirá


Deja que todo pase, ve perdiéndote tú también a lo lejos.
No curará la muerte nada.
El mundo seguirá sólo en tu corazón.

Ed. Pre-Textos, 2017


Apuntar al silencio


No nos engañemos: la pasión no es el trayecto que nos guía hacia el otro, sino el vuelco sobre uno mismo, el vuelco hacia sí mismo. El deseo de engendrar fecunda la propia agonía.

Por eso la sabiduría es indiferencia: la indiferencia, ecuanimidad y la ecuanimidad, calma.

Por eso, y porque quiero vivir, decido observar en calma la pasión que sacude mi cuerpo y lo consume. En lograr cumplir con esta paradoja he empeñado mi existencia.

(A veces, la calma es aún tan sólo ironía. No basta. Es un inicio).

En toda pregunta está implícita una respuesta. Aquel que formula la primera conoce la segunda. El mismo planteamiento propone las premisas, el método, y dispone el conjunto para la conclusión.

Cuando Perceval se encontró con el Grial no supo qué preguntar. Ése era el problema. Pero tal vez fuese también la salida ya que toda pregunta parcializa la realidad al requerir una respuesta. Después de todas las preguntas ya no hay pregunta, por eso el silencio es la única respuesta.

Esto son obviedades. Cualquiera que esté familiarizado con la literatura mistérica llega a estas o similares conclusiones, que lo son igualmente de toda metafísica que se precie. Lo difícil viene después: construir después del silencio, cuando sabes que da igual lo que digas; que la verdad y la ficción son una misma cosa; que samsara y nirvana son intercambiables; que, digas lo que digas y pienses lo que pienses, sigues amontonado. Lo difícil es saberlo y seguir construyendo sobre la nada, a partir de nada, para nada, tener el valor y, lo que es más, el deseo de hacerlo, construir con palabras que apunten al silencio.

Chantal Maillard
Filosofía en los días críticos
Ed. Pre-Textos, 2001.

Fot. Portrait of Ingrid Bergman for Joan of Arc directed by Victor Fleming, 1948

viernes, 15 de diciembre de 2017

Leyendo

Gertrude Stein leyendo (o casi), 1913

Paseo


de paseo por Barcelona


Suite de los espejos


Símbolo
Cristo
tenía un espejo 
en cada mano. 
Multiplicaba 
su propio espectro.
Proyectaba su corazón 
en las miradas 
negras.
¡Creo!

SUITE DE LOS ESPEJOS

Foto anónima del autor de 1917

Silencio y música


Pequé de silencio ante ti y ante mí. Cuando el silencio se instala dentro de una casa, es muy difícil hacerlo salir; cuanto más importante es una cosa, más parece que queramos callarla. Parece como si se tratara de una materia congelada, cada vez más dura y masiva: la vida continúa por debajo, sólo que no se la oye. Woroïno estaba lleno de un silencio que parecía cada vez mayor y todo silencio está hecho de palabras que no se han dicho. Quizás por eso me hice músico. Era necesario que alguien expresara aquel silencio, que le arrebatara toda la tristeza que contenía para hacerlo cantar. Era preciso servirse para ello, no de palabras, siempre demasiado precisas para no ser crueles, sino simplemente de la música, porque la música no es indiscreta y cuando se lamenta no dice por qué. Se necesitaba una música especial, lenta, llena de largas reticencias y sin embargo sin embargo verídica, adherida al silencio para acabar por meterse dentro de él. Esa música ha sido la mía. Ya ves que no soy más que un intérprete, me limito a traducir. Pero sólo traducimos nuestras emociones: siempre hablamos de nosotros mismos.

Ed. Alfaguara, 1992
Trad. Emma Calatayud

La víspera


LA VÍSPERA

Cada cinco de enero.
La última semana de colegio.
La noche antes de un viaje.
Todo viernes.
La tarde del ya lo verás mañana.
Hasta un libro de texto el día que lo compras.
Un sobre sin abrir.
El primer paso fuera del hotel.
Navidad en verano.
El instante en que sabes que se va a desnudar.
Un regalo aún envuelto.
La victoria, tan limpia, sobre el mapa.
Los besos, cuando no eran para ti.

Y peor todavía:
lo que quisiste 
ser. 
Ahora, compara. 

La víspera
Edit. Isla de Siltola. 2014

Leyendo



jueves, 14 de diciembre de 2017

Leyendo


Miss Grace, 1898

Secreto


(...) nosotros, que guardamos el grito en un secreto indomable.

Ed. Siruela, 2017
Trad. Alberto Villalba.

Fotograma de "Intolerance"
(Love’s Struggle Through the Ages).
Dir. David Wark Griffith en 1916

Infancia


Ítaca, cualquier Ítaca, es un lugar interior. Ese origen al que, en determinados momentos de nuestra vida marcados por un esencial cansancio, anhelamos volver no es un lugar geográfico, ni tampoco metafísico, sino un estado. (…) Acaso la inocencia no sea otra cosa que la incapacidad para el juicio, y ésta sea la razón de que, en los primeros albores de la existencia, el mundo sea experimentado con sencilla y gozosa plenitud. Ese gozo sin motivo, esa plenitud, es a lo que nos referimos cuando hablamos de "la infancia" con nostalgia, es lo que esa palabra significa, lo que señala. Y si del territorio en el que transcurrió nos vimos, por cualquier motivo, exiliados, es a él al que ingenuamente creemos que hemos de volver para recuperarla. Mi Ítaca es, o ha sido, Bélgica.

Chantal Maillard
Bélgica
Ed. Pre-Textos, 2011

Fot.: Builder Levy

Tiempos


17

en tiempo de narcisos (que saben
que la meta de la vida es crecer)
olvidando por qué, recuerda cómo
en tiempo de lirios que proclaman 
que el objetivo de despertar es soñar,
recuerda así (haz que te olvidas)
en tiempo de rosas (que asombran
nuestro aquí ahora con el paraíso)
olvidando si, recuerda sí
en tiempo de todas las dulces cosas más allá
de lo que cualquier mente puede comprender,
recuerda buscar (olvidando encuentra)
y en un misterio estar
(cuando el tiempo del tiempo nos libere)
olvidándome, recuérdame

Versión Tomás Browne y Alejandra Mancilla.

Fot. del autor de Edward Weston

¿No me oyes?


INGMAR BERGMAN. FRESAS SALVAJES.

Hace cosa de un mes, ya tarde y atontado después de una lectura en una ciudad extraña, estaba en una sórdida habitación de hotel viendo lo que, según se dice, ven todos mis contemporáneos a esa hora. Zapeaba por los canales, rancia violencia, amenazas repugnantes, letanías de banalidades, la provincia del rey Bobalicón. Y de repente, en medio de todas esas estupideces, una escena que reconocí de inmediato y que me conmovió de la misma manera que entonces, en 1957 o 1958, cuando la vi por primera vez. El viejo (Victor Sjöström) ha doblado de improviso la esquina y él y la joven (Íngrid Thulin), que es su nuera, se han apeado del gran coche negro (entretanto tan antiguo). Se dirigen a la Ciudad Universitaria, donde el viejo va a ser nombrado doctor honoris causa. En el camino han vivido diversas aventuras, alegres y tristes, pero ahora llega el momento crucial. Ella quiere bañarse, él se va a un sitio donde crecen fresas silvestres, cerca de una vieja casa cerrada. Allí se acurruca debajo de un manzano, y casi en el mismo instante sucede: "mira" en su pasado la casa, las ventanas de la casa se abren de pronto, se oyen voces alegres, él ve a su primer amor, su prima Sara (Bibi Andersson), habla con ella, pero ella, setenta años antes, no puede verlo ni oírlo, se encuentra en otro lugar en el tiempo, intocable y encerrada en el pasado; él está desterrado en su vida, muy posterior, sólo puede mirar; y el ansia con que lo hace, con que quisiera trasladarse sólo una vez más a su pasado irrevocablemente transcurrido, y la tragedia de que ello no sea posible, todo esto está escrito en el rostro de Victor Sjöström, un postrer papel increíblemente bello. Una sola vez he visto una intensidad semejante, en los últimos y feroces grabados de Picasso, realizados cuando tenía más de noventa años, siempre el mismo viejo, que, escondido detrás de las cortinas, observa en secreto a una pareja que se ama en la cama, otra ansia, la misma tensión. Los grabados son en blanco y negro, como la película. En mi recuerdo esta escena era en color; alguna instancia en mí (un mal artista) la ha coloreado sentimentalmente. Bergman sabía más. Hacer visible el doble plano temporal en que opera todo recuerdo es una de sus mayores muestras de habilidad. Y también las palabras en ese sueco tan sensual, que subraya la nostalgia y lo despiadado del momento, son inolvidables: "Sara... soy yo, tu primo Isak... naturalmente, he envejecido un poco, ya no tengo el aspecto de antes. Pero tú no has cambiado nada. Primita, ¿es que no me oyes?". No, la preciosa niña rubia del vestido de algodón blanco no puede oír al viejo decrépito del abrigo negro debajo del manzano. Nosotros sí podemos, durante un instante bienaventurado y trágico. Abolir el tiempo, ese privilegio de los maestros.

Cees Nooteboom
En Tenía mil vidas y elegí una sola
Ed. Siruela, 2012
Trad. María Condor.

Grav, Pablo Picasso
Suite 347

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Leyendo


William P. Gottlieb Collection (Library of Congress).

Los restos del día


El oleaje abandona los restos del día, los
deposita con cuidado al pie de mi cama.
Se trata de una ofrenda, pero no deseo
levantarme. Me aferro a la almohada, a
los charcos de oscuridad que me protegen.
El oleaje insiste, desliza entre las sábanas
su frío y su silencio. Abandono el sueño
a la mitad, enciendo la luz y consulto el
horóscopo. Aries. La luna penetra solitaria
en el espejo, cuídate de la música, déjate
llevar por aquello que lees. Leo un tratado
de ornitología, una floresta de poemas
griegos, el Libro de la caza de las aves.

De Medicinas para quebrantamientos del halcón
Ed. Pre-Textos

Unseen

Leyendo


Emil Cioran leyendo

Esperanza


No necesito ningún apoyo, ninguna exhortación ni ninguna compasión, pues, por muy bajo que haya caído, me siento poderoso, duro, feroz... Soy, en efecto, el único ser humano sin esperanza.

Emil Cioran

martes, 12 de diciembre de 2017

El retiro


EL RETIRO

Tú ve allí, que allí todo
es fácil, quiero decir que estando allí
no necesitarás nada, y te sentirás bien contigo
siempre. Todo lo mejor
estará en y junto a ti, y todo alrededor
será claro, y también tú serás clara,
de tal modo que estarás eternamente
satisfecha contigo y con el mundo,
y de acuerdo con la vida.
Allí la tierra es verde y marrón
y blanca como una alfombra, y si quisieras
flores, bien, creo que también allí florecen,
y que tampoco falta un cielo azul.
Trinan los pájaros en las ramas,
y tienen mesas y sillas en todas partes
para que puedas dibujar
en una hoja de papel
todo cuanto sientes,
si es que te apetece
semejante pasatiempo. Pero más te gustará
descansar y entregarte al pensamiento
y soñar y sentirte sólo bien.
Tú ve. El lugar
se encuentra fácil. Si quisieras,
te podría acompañar;
así podremos los dos
alegrarnos de lo ameno
y hartarnos de observar lo bello,
sólo tienes que confiar en mí.
Seguro que encontrarás sólo
lo que quieres y que no pasará nada
que no pueda hacernos felices.



Descuentos


A veces ando errante en la niebla y en mil vacilaciones y confusiones y, a menudo, me siento miserablemente abandonado. Pero pienso que es bello luchar. Un hombre no se siente orgulloso de las alegrías y del placer. En el fondo lo único que da orgullo y alegría al espíritu son los esfuerzos superados con bravura y los sufrimientos soportados con paciencia. Pero no gusta derrochar palabras a este respecto. ¿Qué hombre honrado ha mantenido por completo intactos a lo largo de los años sus esperanzas, planes, sueños? ¿Dónde está el alma cuyos anhelos, osados deseos, dulces y elevadas concepciones de la felicidad se cumplieron, sin tener que hacer descuentos en ellas?

Robert Walser
El paseo 
Siruela
Trad. Carlos Fortea

En guerra


CON LA AYUDA DE HÖLDERLIN

El mes de mayo del noventa y nueve 
los belgradenses se hacían los astrónomos 
y escrutaban el cielo. 
El suelo explotaba, temblaban las piedras 
más aún que los viejos, los perros o los niños. 
Las bombas de grafito habían cortado la electricidad, 
en la oscuridad la fraternidad aumentaba. 
“Donde existe el peligro, crece 
también aquello que puede salvarnos.” 
(Wo aber Gefahr ist, wächst / das Rettende auch.)
El poeta no estaba en Belgrado aquel mes de mayo,
estaba muerto desde hacía siglo y medio, 
pero sus páginas sí, se encontraban en mis bolsillos
como arma antiaérea, como salvoconducto. 
En la guerra las palabras de los poetas protegen la vida 
junto a las plegarias de una madre. 
En una guerra los huérfanos y quienes no tienen un libro 
están al descubierto.

Versión de Fernando Valverde.

Fot. Anónima de matanza de conejos en Mud Lake, 1981

lunes, 11 de diciembre de 2017

Tienes lo que deseas


PASIÓN
-fragmento-

Entonces el cielo me habló en un lenguaje claro,
Familiar como el corazón, sobre el amor más cercano. 
El cielo le dijo a mi alma: "¡Tienes lo que deseas!" 
Ahora debes saber que has nacido junto con estas 
Nubes y vientos y estrellas y mares siempre en movimiento 
Y con habitantes de los bosques. Ésta es tu naturaleza. 
"Levanta de nuevo tu corazón sin miedo, 
Duerme en la tumba, o respira en el aire vivo, 
Este mundo lo compartes con la flor y con el tigre".

de "La piedra y la flor", 1943
(Versión de Joan-Doménech Ros)


domingo, 10 de diciembre de 2017

El cordero huérfano


El cordero huérfano

Desolló el cordero que había muerto en invierno, se limpió la sangre en los pantalones para poder seguir sujetándolo, dando vuelta primero por las pezuñas y rajando después cada pierna, para ir separando la piel del músculo y hueso.
Ató la piel con un cordel al cuerpo del cordero huérfano para que la oveja madre afligida reconociera el olor y dejara mamar al huérfano.
O eso dijo.
Eso era seducción. Esta fue la historia que me contó. De todas las historias de granjero que podría haberme contado, eligió una donde la brutalidad salva una vida. Quería que sintiera, cuando encajara su cuerpo sobre el mío, que así era como yo iba a seguir: así sería como me reconocerían.

Amy Hempel

Soy


Soy Teresa Wilms Montt… y aunque nací cien años antes que tú, mi vida no fue tan distinta a la tuya. Yo también tuve el privilegio de ser mujer. Es difícil ser mujer en este mundo. Tú lo sabes mejor que nadie. Viví intensamente cada respiro y cada instante de mi vida. Destilé mujer. Trataron de reprimirme, pero no pudieron conmigo.

Cuando me dieron la espalda, yo di la cara.

Cuando me dejaron sola, di compañía.

Cuando quisieron matarme, di vida.

Cuando quisieron encerrarme, busqué libertad.

Cuando me amaban sin amor, yo di más amor.

Cuando trataron de callarme, grité.

Cuando me golpearon, contesté.

Fui crucificada, muerta y sepultada por mi familia y la sociedad.

Nací cien años antes que tú y sin embargo te veo igual a mí.

Soy Teresa Wilms Montt, y no soy apta para señoritas.

Teresa Wilms Montt (1893-1921)

Fot. Retrato anónimo de la autora

sábado, 9 de diciembre de 2017

En la sombra de las cosas


EN LA SOMBRA DE LAS COSAS

Yo prefiero quedar en la penumbra;
quedarme en el secreto de las cosas.
Me gusta introducirme en las criaturas.
Errar como una idea.
Extraño como el arte.
Anónimo,
incierto
y olvidado.
Naciendo, nuevamente,
en cada día.


De «Canciones de Mihyar el de Damasco» (1961)

Bloque


Siempre supe que mis padres eran un mundo cerrado donde no cabía nadie, ni siquiera yo. Se vertían el uno en el otro por completo, como dos vasijas abocadas; se dedicaban todas sus miradas y todos sus silencios y era inimaginable la existencia del uno separado del otro. Y todavía es así. Intento imaginar a mi padre y no puedo. Intento recordar a mi madre y no la veo. No es posible, no existen a solas; siempre los dos, juntos, como tallados en un mismo bloque.

Óscar Esquivias
Hijos de Dios
en La marca de Creta
Ediciones del Viento, 2008

jueves, 7 de diciembre de 2017

Leyendo


Vino peleón


TRATADO XXVI, DEL VINO PELEÓN.

El cielo, el río, el océano, los astros y la tierra son de una belleza majestuosa y no hablan.
Las cuatro estaciones y su cortejo de plantas, de nieve, de bestias y de vestidos se suceden y no hablan.
Los miembros, los ladrillos, los excrementos, los dientes, la corta infancia y la extrema vejez, los pétalos y los arenales, los ojos y los sexos participan de esta belleza y no hablan,
Los hombres discuten entre sí, se dirigen a los dioses y formulan opiniones porque temen la belleza atroz.
Las palabras de los hombres son el agua y el azúcar que mezclan con el concentrado de arak más puro. Las obras son las pequeñas cucharas que sirven para mezclar el agua, el azúcar y el arak en el vaso. El vaso son las ciudades del mundo. A esta mixtura desleída la llaman -en su extraña mixtura desleída- con el nombre extraño de lengua. Y se toman esa bebida aguada y azucarada que les cierra los párpados y que les separa menos de lo que piensan de la crueldad y de los estratos superpuestos de lo que los precede y del silencio.

Pascal Quignard
Pequeños tratados I 
Editorial Sexto Piso
Trad. Miguel Morey

Fot. Robert Frank by Walker Evans

Repetición


Esta misma mañana, al acordarme de los calígrafos repitentes de los que ahora escribo, he tenido por momentos la sensación de que entreveía al oscuro parásito de la repetición quede oculta en el centro de toda creación literaria. Un parásito que tiene la forma de una gota gris solitaria que irremediablemente se halla en medio de toda la lluvia o tempestad y a la vez en el centro mismo del universo, donde, como es sabido, se acometen, una y otra vez, de forma imperturbable, las mismas rutinas, siempre las mismas pues todo se repite allí del modo más incesante y mortal. 

Enrique Vila-Matas
Mac y su contratiempo
Ed. Seix Barral, 2017

miércoles, 6 de diciembre de 2017

El cuerpo y su intemperie


Con indolente sencillez regresa el cuerpo, a veces, a su intemperie, como si se adentrara en un huerto solitario por el mero hecho de una pequeña predisposición, o permitiera que el alma se hiciese visible por completo. Entonces recorren el paisaje evidencias casi irreconocibles, como llegadas de un tiempo remoto o futuro, señales de todas partes que se abrazan a nuestra más íntima frontera y nos susurran al oído una consigna, acaso una canción antigua que aún recordamos. Todo se vuelve silencioso. Todo significa sin necesidad de haber sido expresado. El despojo atrae la compañía. Sólo la desnudez accede a lo evidente. 
El que se busca añora la transparencia.

Yama futokoro no 
hadaka to nari

En la más honda espesura de la montaña,
llegar a la desnudez.

Taneda Santôka
El monje desnudo. 100 Haikus
Ed. Miraguano, 2006
Texto introductorio de José Manuel Martín Portales
Edición y traducción de Vicente Haya y Akiko Yamada

Fot. Nobuyoshi Araki

martes, 5 de diciembre de 2017

El mar


Por allá estará el mar
el que voy a comprarme
que veré para siempre
que aullará llamará
extenderá las manos
se hará el manso el hermoso
el triste el olvidado
el azul el profundo
el eterno el eterno
mientras los días se vayan
la vida se me canse
el cuerpo se me acabe
las manos se me sequen
el amor se me olvide
frente a su luz
su amor
su belleza
su canto.


lunes, 4 de diciembre de 2017



Tú,
sonrisa moteada
sobre nieves heladas-
viento de marzo,
ballet de ramas
combadas sobre la nieve,
gimiendo y encendiendo
tus pequeños "¡oh!"-
gamo de blancos miembros,
gentil,
podría saber
todavía
la gracia deslizante
de todos tus días,
la blonda espumosa
de todos tus caminos-
se ha helado el mañana
abajo en la llanura-
tú, sonrisa moteada,
tú, risa encendida.

Versión de Carles José i Solsora

Fot. Ficha policial del autor, 1935

Imaginación


Lo que podemos imaginar siempre existe, en otra escala, en otro tiempo, nítido y lejano, igual que en un sueño.

Ricardo Piglia

Fot. Lewis Carroll