viernes, 13 de abril de 2018

Sergio Pitol


Un novelista es alguien que oye voces a través de las voces (…) Con ellas va trazando el mapa de su vida. Sabe que cuando ya no pueda hacerlo le llegará la muerte, no la definitiva, sino la muerte en vida, la hibernación, la parálisis, lo que es infinitamente peor.

Sergio Pitol
Puebla, 18 de marzo de 1933 - Xalapa, 12 de abril de 2018


Leyendo


Leyendo en el parque de Nara, Japón

jueves, 12 de abril de 2018

Júbilo


Pero aún más que el asombro, lo que se apoderó de mí era ese júbilo que nace de lo que sorprende sin que tenga uno manera de comprender: esa alegría que se tiene ante la esperanza de que van a romperse las cadenas del entendimiento de ayer, de siempre, y que, por no saber, se va por fin a ser más.

Yves Bonnefoy
La hora presente
Ed. Galaxia Gutenberg, 2016
Trad. Enrique Moreno Castillo

miércoles, 11 de abril de 2018

La hora de vivir


Nunca antes había sabido que la hora de vivir tampoco tiene palabra. La hora de vivir, amor mío, estaba tan presente, que yo apoyaba la boca en la materia de la vida. La hora de vivir es un ininterrumpido y lento ruido de puertas que se abren continuamente de par en par. Dos portones se abrían y nunca habían dejado de abrirse. Pero se abrían continuamente hacia la nada.

Ed. Siruela, 2017
Trad. Alberto Villalba

Fot. Jordanna Kalman

Y es tu sombra, lo es y se deshace


Y es tu sombra, lo es y se deshace

Y es tu sombra, y lo es y se deshace,
se hace raíz y grano
en el que aquí te tengo.

El dedo de penumbra que me das
aumenta mi mano
y me tiene en ti.

Tintinea ahora la tarde en los collares
de ovejas indiferentes:
todo con ellas resta, y los olivos,
no vistos, pero presentes.

Me envuelvo con esto; a su calor
nuestra sangre es una y madura.
Buena noche, mi amor.
Buena noche, que amanece.


Versión de Manuel Vargas

Fot. Edmond de Grimberghe
La mélancholie

martes, 10 de abril de 2018

Nos decimos palabras oscuras


Mi ojo asciende al sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos palabras oscuras,
nos amamos como se aman amapola y memoria,
nos dormimos como el vino en los cuencos,
como el mar en el rayo sangriento de la luna.


De "La arena de las urnas" 1948
Versión de José Ángel Valente

Mús: Antonio Vivaldi
Philippe Jaroussky sings "Mentre dormi amor fomenti"

Leyendo


Fot. Ida Kar

lunes, 9 de abril de 2018

La rosa


LA ROSA

Soy bella porque he crecido en el jardín de mi amado.
Bajo la lluvia de primavera pude beber el deseo, 
bajo el sol pude beber las brasas-
ahora estoy abierta y espero.

de "La tierra que no es" (1925)
Trad. Nelida García Salgado

Ligero


-Ligero (como “liviano”, aunque en inglés, light es también “luz”) es como llamaría aquello que se suele buscar con la poesía. Como la liviandad del tocar. Es esa cualidad en apariencia sin esfuerzo alguno, aérea la que esperamos de un poema lírico y raramente conseguimos.

Charles Simic
Conversaciones con Michael Hulse

Vid. Franz SchubertKupelwieser Waltz
Piano: Salome Jordania

Los penúltimos días


Los penúltimos días están llenos de luz aún y quiero retornar, de los ojos del niño que murió, los pájaros aquellos.

Francisco Brines

domingo, 8 de abril de 2018

Amigas


Cuando mi mejor amiga vino a decirme adiós un día antes de irme del país, cuando nos abrazamos pensando que no nos veríamos nunca más porque yo no puedo volver y ella no puede salir, cuando mi amiga me dijo adiós en el pleno sentido de la palabra, no éramos capaces de separarnos. Se dirigió hacia la puerta tres veces y las tres se echó atrás. Hasta la tercera vez no se fue de verdad, caminando con pasos mecánicos tan largo rato como larga era la calle. La calle era recta, de modo que yo veía su chaqueta de color claro haciéndose cada vez más y más pequeña y, curiosamente, más brillante con la distancia. No sé si es que brillaba el sol —era febrero— o es que de llorar también brillaban mis ojos por dentro, o si brillaba la tela de la chaqueta… lo que sí sé es que me quedé mirando a mi amiga que se marchaba y que su espalda brillaba como una cuchara de plata. Así, de forma intuitiva, encontré cómo recoger en una palabra todo aquel proceso de separación. Lo llamé cuchara de plata. Y eso era justo lo que describía la separación con precisión absoluta.

No me fío del lenguaje. Si sé que el lenguaje, para ser preciso, siempre tiene que adueñarse de algo que no le pertenece, es sobre todo por mi propia experiencia. No sé por qué las metáforas son tan ladronas, por qué la comparación más válida tiene que robar propiedades que no le corresponden a otra cosa. La sorpresa no surge sino del acto de inventar, y se demuestra una y otra vez que es esa sorpresa inventada en la frase la que comienza a traernos la cercanía a la realidad. La frase no puede consolidarse como entidad propia, como realidad hecha palabra pero realidad válida y literal, hasta que una percepción no se adueña de otra cosa, hasta que un objeto no se apodera y se vale de la materia de otro, hasta que aquello que escapa a lo real se torna plausible en la frase.

Herta Müller
Siempre la misma nieve y siempre el mismo tío. (frag.)
Cuento completo

sábado, 7 de abril de 2018

La nada


La nada no puede configurarse como el ser, ni articularse; dividirse en géneros y especies, ser contenido de una idea o de una definición. Pero no aparece fija; se mueve, se modula; cambia de signo; es ambigua, movediza, circunda al ser humano o entra en él; se desliza por alguna apertura de su alma. Se parece a lo posible, a la sombra y al silencio. Nunca es la misma.
No es la misma, no tiene entidad, pero es activa, sombra de la vida también. Una de sus funciones es reducir: reduce a polvo, a nada los sucesos Y, sobre todo, los proyectos. Por eso es la gran amenaza para el hombre en cuanto proyecta su ser. Es con lo que tiene que contar todo proyecto. El místico, aun el no quietista lo sabe; el poeta no siempre; mas siempre lo sospecha.

María Zambrano
El hombre y lo divino
Ed. FdCE,  Colección Breviarios, 2007

Fot. Celeste Ortiz

Alma


Hay que hacerse un alma. Por medio de la filosofía, de la aventura o del amor, lo importante es hacerse un alma. La vida tomada en serio consiste en buscar y fabricar nuestra alma, para desde ella aceptar el mundo en su complejidad ciega, tratar de mejorarlo si es posible y luego mirar a la muerte a los ojos, diciendo: ‘no te merezco’.

Fernando Savater
El gran laberinto
Ed. Ariel, 2005

Javier Vallhonrat 
Vanesa Duve, 1989

viernes, 6 de abril de 2018

El cuerpo no sabe


EL CUERPO NO SABE

Tiemblo como un árbol.
Lo que del árbol tiembla en el agua.
Tirito como el frío que no encuentra
un organismo donde calentarse.
Me estremezco porque este cuerpo
descuidó sus fronteras
en busca de más.


jueves, 5 de abril de 2018

Artista


Recibir el mundo estéticamente, o poéticamente, es ser artista. Artista es aquel que sabe ensanchar la mirada y sabe escuchar, es aquel que sabe crear ese espacio interior en el que la realidad -la propia y la del mundo- acude en estado naciente, pues la realidad siempre está aconteciendo. Artista es aquel que asiste al surgimiento perpetuo de las cosas y, a veces, logra mostrarlo. Artista es aquel que, en breves momentos, se desposee y, perdiéndose en la danza de lo viviente, intuye la inmortalidad del universo.

Chantal Maillard
La razón estética
Ed. Galaxia Gutenberg

miércoles, 4 de abril de 2018

Crear



Ya que no podemos extraer belleza de la vida, busquemos al menos extraer belleza de no poder extraer belleza de la vida. Hagamos de nuestro fracaso una victoria, algo positivo y erguido, con columnas, majestad y aquiescencia espiritual.
Si la vida no nos ha dado más que una celda de reclusión, hagamos por ornamentarla, aunque más no sea, con las sombras de nuestros sueños, diseños y colores, esculpiendo nuestro olvido bajo la quieta exterioridad de los muros.
Como todo soñador, siempre he sentido que mi oficio era crear. Como nunca he sabido hacer un esfuerzo o activar una intención, crear me ha coincidido siempre con soñar, querer o desear; y hacer gestos, con soñar los gestos que desearía poder hacer.

Fernando Pessoa
El libro del desasosiego de Bernardo Soares
Ed. Seix Barral, 2010
Edición y traducción de Ángel Crespo

Fot. Gunars Binde

martes, 3 de abril de 2018

Libros


“Ante ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta: ¿qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran”.

André Gide

El Señor Jordà y estos libros se han encontrado.

Habiéndome confiado


[67] [SIN TÍTULO]

Habiéndome confiado por entero 
a lo que no me resulta familiar,
mostrándome cercana a lo foráneo
y próxima a lo remoto,
pongo mis manos en las tuyas.

“Poemas”
Ed. Herder
Trad. Alberto Ciria

domingo, 1 de abril de 2018

Necesidades


19 de marzo de 1935

Siempre que algo se aleja de mí, siempre que pierdo algo o alguien, siempre que debo separarme de algo o de alguien, mi reacción es creativa (…) Todo ha de ser reemplazado y recreado. Todo debe ser expulsado de mí y estar en mí, dentro de mí. Creo todo cuanto es perecedero, evanescente, engañoso. Creo mi autosuficiencia, mi independencia, mi autofecundación. Pero, como soy mujer, no quiero estar sin necesidades. Nada sustituye a la vida ni al amor. Necesitaba un padre; necesitaba a Henry; necesitaba la protección de Hugh, su lealtad, su confianza; necesitaba la comprensión de Rank; necesitaba la escritura de Henry; necesitaba el equilibrio de mi Padre; necesitaba el amor. Necesidades terribles, inmensas, devoradoras, demoledoras. La vida me obliga a prevenir y remediar las necesidades, a ser un cosmos por mi misma: hombre, mujer, padre, madre, amante, niña.

Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva

Toni Hamel

sábado, 31 de marzo de 2018

Elogio de la distancia


ELOGIO DE LA DISTANCIA 

En el manantial de tus ojos 
viven las redes de los pescadores del Mar Extravío. 
En el manantial de tus ojos 
mantiene el mar su promesa. 
Aquí arrojo, 
corazón que moró entre los hombres, 
de mí los vestidos y el brillo de un juramento: 
Más negro en lo negro, estoy más desnudo. 
Sólo desavenido soy fiel. 
Yo soy tú cuando yo soy yo. 
En el manantial de tus ojos 
surco y sueño pillaje. 
Una red atrapó una red: 
nos separamos abrazados. 
En el manantial de tus ojos 
un ahorcado estrangula la cuerda.

Paul Celan
de "Amapola y memoria" (1952)
Trad. Pablo Oyarzún

viernes, 30 de marzo de 2018

Debiera ser verdad


Debiera ser verdad

Debiera ser verdad, debiera el día
inundarse de luz como hoy lo veo,
con su gesto de sábado y ventanas
abiertas al rumor del oleaje:
caminas junto a mí, tu voz me alcanza
con su aliento de fruta y la cadencia
de tus pasos se funde con mis pasos
y no nos cabe el alma ni este puro
fervor de criaturas que el deseo
arroja hacia una playa que no existe.


De "Horizonte o frontera"
Ed. Hiperión 2003 


Día laborable



Día laborable.

Las cinco y media de la mañana. Suena el despertador. Me levanto, me quito el vestido, lo pongo sobre la almohada, me pongo el pijama, voy a la cocina, me meto en la bañera, cojo la toalla, me lavo la cara con ella, cojo el peine, me seco con él, cojo el cepillo de dientes, me peino con él, cojo la esponja de baño, me cepillo los dientes con ella. Luego voy al cuarto de baño, me como una rebanada de té y me bebo una taza de pan. Me quito el reloj de pulsera y los anillos. Me quito los zapatos. Me dirijo a la escalera y abro la puerta del apartamento. Cojo el ascensor del quinto piso al primero.
Luego subo los nueve peldaños y estoy en la calle. En la tienda de ultramarinos me compro un periódico, luego camino hasta la parada de tranvía y me compro unos bollos, y al llegar al quiosco de periódicos me subo al tranvía. Me bajo tres paradas antes de subir. Le devuelvo el saludo al portero, que me saluda y piensa que otra vez es lunes y otra vez se ha acabado la semana. Entro en la oficina, digo adiós, cuelgo mi chaqueta en el escritorio, me siento en el perchero y empiezo a trabajar. Trabajo ocho horas.

Herta Müller
En tierras bajas
Ed Siruela, 2009
Trad. Juan José del Solar

jueves, 29 de marzo de 2018

La duda


A mi parecer, la fe es como estar al sol. Cuando te pones al sol, ¿puedes evitar crear una sombra? ¿Puedes zafarte de esa área oscura que se te aferra, siempre con tu misma forma, como si quisiera que te acordaras siempre de ti mismo? No puedes. Esta sombra es la duda. Va allá donde vas tú, siempre que te expones al sol. ¿Y quién no quiere estar al sol?

Yann Martel
Beatriz y Virgilio
Ed. Destino, 2011
Trad. Mario Sureda

Fot. Jack Delano

martes, 27 de marzo de 2018

Conocimiento


Conocerse es errar, y el oráculo que dijo «Conócete» propuso un trabajo mayor que los de Hércules y un enigma más oscuro que el de la Esfinge. Desconocerse conscientemente es el camino. Y desconocerse conscientemente constituye el uso activo de la ironía. No conozco cosa más grande ni más propia del hombre verdaderamente grande que el análisis paciente y expresivo de las maneras de desconocernos, el registro consciente de la inconsciencia de nuestras consciencias, la metafísica de las sombras autónomas, la poesía del crepúsculo de la desilusión.

Fernando Pessoa
El libro del desasosiego de Bernardo Soares
Ed. Seix Barral, 2010
Edición y traducción de Ángel Crespo

La utilidad del arte


Podemos perdonar a un hombre el haber hecho una cosa útil en tanto no la admire. La única disculpa de haber hecho una cosa inútil es admirarla intensamente. Todo arte es completamente inútil.

Oscar Wilde

Libros


Mercado de libros de segunda mano 
Ronda de Sant Antoni (Barcelona) 1915

lunes, 26 de marzo de 2018

Río arriba


Aquella noche, en la cama, me costó conciliar el sueño. La excitación era lo que me mantenía despierto. Venía de una infancia solitaria y no estaba acostumbrado a hacer nada con otro. También en eso creía que era igual a mí padre. Pero aquel día había experimentado algo, una repentina sensación de intimidad que, al mismo tiempo, me atraía y asustaba, como un desfiladero en un terreno desconocido. Para tranquilizarme busqué una imagen en mi cabeza. Pensé en el torrente: en la charca, en la pequeña cascada, en las truchas que movían la cola para permanecer inmóviles, en las hojas y en las ramas que se llevaba la corriente. Y luego en las truchas que saltaban hacia sus presas. Comencé a comprender un hecho, a saber, que todas las cosas, para un pez de río, llegan del monte: insectos, ramas, hojas, cualquier cosa. Por eso mira hacia arriba, a la espera de lo que ha de llegar. Si el punto en el que te sumerges en un río es el presente, pensé, entonces el pasado es el agua que se ha adelantado, la que va hacia abajo y donde no hay nada para ti, mientras que el futuro es el agua que desciende de arriba , trayendo peligros y sorpresas. El pasado está río abajo; el futuro, río arriba. Eso es lo que tendría que haberle respondido a mi padre. Sea lo que sea el destino, habita en las montañas que tenemos sobre la cabeza.

Paolo Cognetti
Las ocho montañas
Ed. Literatura Radom House
Trad. César Palma.

Fot. Près de la Caverne, Terrain Brûlé by Eugène Cuvelier
The Met’s Photography Department

domingo, 25 de marzo de 2018

El libro de los sueños


Cuando Henry me telefonea y quiere verme, el mundo empieza a cantar de nuevo, el caos cristaliza en un deseo. Todos los impulsos, fermentos y constelaciones se unen en el rico sonido de su voz. 
Vestida con mi quimono, subo corriendo las escaleras y añado cinco páginas al libro de los sueños.

Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva

Bu Edo kabuku gendai
 ぶ 江戸かぶく現代 standalone kimono book
Japan - 2018

Leyendo



Autobiografía del ojo


Autobiografía del ojo

Cosas invisibles, enraizadas en el
frío, creciendo
hacia esta luz
disipada
en todo lo que alumbra. Nada
tiene fin. La hora regresa
al comienzo de la hora
en que respiramos: como si
nada fueran. Como si yo
no pudiera ver
nada
que no es lo que es.

En el límite del verano
y su calidez: cielo azul, colina púrpura.
La distancia
que sobrevive.
Una casa hecha de aire, y el flujo
del aire en el aire.

Como estas piedras
que se deshacen sobre la tierra.
Como el sonido de mi voz
en tu boca.



sábado, 24 de marzo de 2018

Cuerpo


Donde el ensoñado y el soñado
van por un solo camino
se levanta un cuerpo

Por ese adentro de mujeres que hablan
de pasadas contiendas en las que no estuvimos
otro cuerpo se abre

y todo aquello que los cuerpos forman
es en la sombra
un brillo solitario.

viernes, 23 de marzo de 2018

Los libros


Marcapáginas, 1930s


La belleza efímera


Mientras desayunaba leí algunas cartas de Dylan Thomas; en una de ellas, de su juventud, decía que no podía considerar hermosa ninguna cosa efímera; que la belleza es cuestión de eternidad. Yo no estuve de acuerdo pues no puedo pensar en nada que no sea efímero. Aun las formas puras necesitan de una mente efímera para existir. La belleza está en la mente, no en las cosas; y las formas puras solo existen en la mente.

Mario Levrero
El Discurso Vacío
Ed. Caballo de Troya, 2007

Fot. Reading girl, Finland ca.1908 Autochrome diapositive by Harald Rosenberg

miércoles, 21 de marzo de 2018

El aire y la nada


(...) para Nietzsche, el aire es la sustancia misma de nuestra libertad, la sustancia de la alegría sobrehumana. El aire es una especie de materia superada, como la alegría nietzscheana es una alegría humana superada. La alegría "terrestre" es riqueza y gravedad- la alegría "acuática" es blandura y reposo- la alegría "ígnea" es amor y deseo- la alegría aérea es libertad. 
El aire nietzscheano es entonces una extraña sustancia, es la sustancia sin cualidades sustanciales. Puede, por lo tanto, caracterizar al ser como adecuado a una filosofía del devenir total. En el reino de la imaginación, el aire nos libera de las ensoñaciones sustanciales, íntimas, digestivas. Nos libera de nuestra adhesión a las materias: es, pues, la materia de nuestra libertad. A Nietzsche el aire no le trae "nada". No le da "nada". Es la inmensa gloria de una Nada. Pero no "dar nada" ¿no es el más grande de los dones? El gran donador de las manos vacías nos libera de los deseos de la mano tendida. Nos acostumbra a no recibir nada, en consecuencia a tomarlo todo. ¿No es el donador, pregunta Nietzsche, quien debe dar gracias al que se ha dignado a recibir?" (...) Pero desde ahora ya se comprende que el aire es esa "sustancia infinita" que se atraviesa de una vez, en una libertad ofensiva y triunfante como el rayo, como el águila, como la flecha, como la mirada soberana e imperiosa. En el aire arrebata uno a su víctima en pleno día, sin ocultarse.

Gaston Bachelard
El aire y los sueños. Ensayo sobre la imaginación del movimiento
Ed. Breviarios del FdCE
Trad. Ernestina de Champourcin

martes, 20 de marzo de 2018

Infancia


1944 - 1948

¿En qué consiste el misterio de la infancia? 

En el niño hay una multitud de almas 
- él se las arranca fácilmente con la imaginación,
y vive solo, pero es como si viviera con sus compañeros.
El adulto es solitario. 
El niño vive como un gorrión, como una hebra.

Diario


Esa belleza


Cuando las observo, las figuras que están quietas o moviéndose en la piscina de Fresnes son tan difusas como las figuras quietas y en movimiento de Giacometti en una de las fotos de Marc.

Un hombre joven y alto se enjabona bajo la ducha sus largas piernas. Una mujer madura se agarra al borde y mira atentamente el agua que le llega a la clavícula, como si fuera un libro que está leyendo. Un hombre de mi edad nada en estilo crol lentamente hacia su pasado. Una adolescente de once años camina por el borde de la piscina gozando el tesoro de sus caderas.

No hay cabida para el sexo aquí, el lugar no lo permite. Es un sitio con mucho deseo, gran cantidad de deseos, pero el sexo está de más.

Imagino al hombre joven, la mujer corpulenta, el septuagenario, la adolescente de once años que acabo de describir, volviendo a sus vidas privadas, reconocidos, recibidos por alguien con quien comparten la intimidad.

Esa belleza.

John Berger / Marc Trivier
Esa belleza
Bartleby Editores, 2005
Prólogo y traducción de Jaime Priede

Fot. Ralph Crane
Vikki Dougan para LIFE magazine, 1950s

Leyendo


Retrato de una mujer leyendo, c. 1920-1930

Leyendo


Caer


Ya que todo es ruina, no solamente lo que no está asegurado,
todo lo que alza cae,
y todo muere al contacto con lo que ha caído.

Qué expresión tan potente: caer “enamorado”.
Caer, abandonarse, dejarse caer, todo se deja caer.

Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

lunes, 19 de marzo de 2018

El espejo


Me vi con tus ojos a través del cristal
y, mirándome, sentí unas manos cálidas
tensando la piel de mis muslos
y obediente a tu deseo
me quedé desnuda frente al gran espejo.
Entonces cubrí tus ojos para no ver ni sentir
la soledad de mi cuerpo floreciendo contigo.

El espejo
Versión de J.M. Montefogo

Fot. Tunguska.RdM 
Ritratto Allo Specchio. After Midnight

Leyendo


domingo, 18 de marzo de 2018

Amor en el sanatorio




Una extraña ha venido
a compartir mi cuarto en esta casa que anda mal de la cabeza,
una muchacha loca como los pájaros

traba la puerta de la noche con sus brazos, sus plumas.
Ceñida en la revuelta cama
alucina con nubes penetrantes esta casa a prueba de cielos

hasta alucina con sus pasos este cuarto de pesadilla.
libre como los muertos
o cabalga los océanos imaginarios del pabellón de hombres,

Ha llegado posesa
la que admite la alucinante luz a través del muro saltarín,
posesa por los cielos

ella duerme en el canal estrecho, hasta camina el polvo
hasta desvaría a gusto
sobre las mesas del manicomio adelgazadas por mis lágrimas.

Y tomado por la luz de sus brazos, al fin, mi Dios, al fin
puedo yo de verdad
soportar la primera visión que incendia las estrellas.

Amor en el sanatorio
Trad. Elizabeth Azcona Cranwell

Silencio


SILENCIO

Mi padre solía decir:
–La gente superior no hace visitas largas.
No hace falta mostrarles la tumba de Longfellow,
ni las flores de vidrio en Harvard.
Son autosuficientes como el gato,
que se lleva a la presa a un lugar privado;
la cola del ratón colgando floja de la boca.
A veces disfrutan de la soledad
y pueden quedarse sin palabras
al escuchar palabras que disfruten.
El sentimiento más profundo emerge durante el silencio;
no en el silencio, sino en la prudencia. –
Y no era hipócrita al decir –Haz de mi casa tu posada–.
Una posada no es un domicilio.

Versión de Alejandro Abogado de la Serna.

Marianne Moore (1935)

sábado, 17 de marzo de 2018

Vivir hambriento después


VIVIR HAMBRIENTO DESPUÉS

Las ninfas del agua que visitaron a Poseidón
le explicaron cuán poco deseaban copular
con los dioses. Salvo para descubrir
si era diferente, si existía
un mundo nuevo, otra dimensión en sus genitales.
En el viejo Pittsburgh soñábamos con una ciudad
donde las mujeres leían a Proust en el original francés,
y nos preguntábamos si conquistaríamos
un nuevo placer pagando a una puta
mil dólares por una noche. O una hora.
¿Sería diferente de verdad o solo
trucos y aparato? Me preocupaba que un gran
amor hiciera todo lo demás un exilio.
Resultó que estar juntos
en el ocaso de los olivares de Umbria
marcó desde entonces, de hecho, todo lo demás.


Rostro desleído


Rostro desleído en el agua
en el silencio
tanto peso en el pecho
tanta agua en la jarra
tanta sombra en el suelo
tanta sangre en la rampa
jamás se acaba
este sueño de cristal.

Versión de Octavio Paz

viernes, 16 de marzo de 2018

El principio de asociación


XX
En el esfuerzo que uno hace por hallar su camino 
entre los contenidos de la memoria
(insiste Aristóteles)
es útil el principio de asociación:
«pasar rápidamente de un punto al siguiente.
Por ejemplo de leche a blanco,
de blanco a aire, de aire a húmedo,
tras lo cual uno recuerda el otoño 
en el supuesto de que esté tratando 
de recordar esa estación».

O suponiendo,
amable lector,
qué no estés tratando 
de recordar el otoño sino la libertad,
un principio de libertad que existió 
entre dos personas, pequeño y salvaje,
como son los principios, 
pero ¿cuáles son aquí las reglas?

Como él dice, 
la locura puede ponerse de moda.
Pasar entonces rápidamente
de un punto al siguiente,
Por ejemplo de pezón a duro,
de duro a cuarto de hotel,
de cuarto de hotel a la frase 
encontrada en una carta que escribió 
en un taxi el día que se cruzó 
con su mujer que iba caminando
por la otra acera, pero ella no le vio, 
se dirigía 
-así de ingeniosas son 
las combinaciones de ese estado de flujo 
que llamamos nuestra historia moral 
acaso no son tan claras casi 
como las fórmulas matemáticas
salvo que están escritas en el agua-
al juzgado
a presentar los documentos para el divorcio, 
una frase como qué sabor entre tus piernas.
Tras lo cual 
mediante esta facultad absolutamente divina, 
la «memoria de las palabras y las cosas»,
uno recuerda
la libertad.

¿Es eso yo? 
grita irrumpiendo el alma.

Almita, pobre animal incierto:

cuidado con este invento 
«siempre útil para aprender y vivir»
como dice Aristóteles, 
Aristóteles, que no tenía marido,
rara vez menciona la belleza
y es probable que de muñeca 
pasara rápidamente a esclava 
cuando trataba de recordar 
esposa.

Ed. Lumen, 2003
Trad. Ana Becciu

Mon Histoire avec les Pierres, 1999


jueves, 15 de marzo de 2018

Leyendo



Disparo


Disparo

El tiempo se rompe como un vaso.
Puedo juntarlo con las manos y admirar
el mundo en sus cristales rotos.
O puedo juntar las manos como quien reza.
No juntar más que mis manos.
Apuntar con los dedos a mi pecho
disparando sin darme muerte.
Tan sólo acomodarlas allí
como a dos palomas débiles y frías
después de una vida de lluvia.


Volver a existir


En los suelos de la cubierta, en las paredes del barco, en el mar, con el recorrido del sol en el cielo y el del barco, se dibuja, se dibuja y se diluye con la misma lentitud, una escritura ilegible y desgarradora de sombras, de aristas, de trazos de luz rasgada remendada en los ángulos, triángulos de una geometría fugitiva que se desmorona al capricho de la sombra de las olas del mar. Para después, otra vez, incansablemente, volver a existir.

Marguerite Duras
El amante de la China del Norte
Ed. Tusquets, 1998
Trad. Beatriz de Moura

Fot. Lothar Osterburg

miércoles, 14 de marzo de 2018

Una y otra vez...


Una y otra vez, 
aunque conozcamos el paisaje del amor
y el pequeño cementerio 
con sus nombres que se lamentan
y el barranco terriblemente callado, 
en que los otros desembocan: 
una y otra vez salimos emparejados
bajo los viejos árboles; 
y nos echamos, una y otra vez,
entre las flores, frente al cielo.

Una y otra vez...

Fot. Édouard BoubatParis 1952

martes, 13 de marzo de 2018

Una noche extraordinaria


Extraño, increíble, no había sido nunca tan feliz. Nada podía ser suficientemente lento, nada podía durar demasiado. Ningún placer podía igualar, pensó, mientras enderezaba sillas y volvía a colocar un libro en la estantería, al de haber acabado con los triunfos de la juventud, haberse perdido en el proceso de vivir, para volver a encontrar la vida, con un sobresalto de placer, al salir el sol, al morir el día. Fueron muchas las veces que salió, en Bourton, mientras los demás hablaban, a contemplar el cielo; o que lo vio, entre los hombros de los comensales en la cena, como lo veía en Londres cuando no podía dormir. Se dirigió hacia la ventana.
Aquel cielo rural y este otro cielo sobre Westminster contenían, aunque pareciera una idea absurda, algo suyo. Apartó las cortinas y miró. 
¡Qué sorpresa! En la habitación de enfrente, ¡la anciana señora miraba directamente hacia ella! Se disponía a acostarse. Y el cielo. Había pensado que sería un cielo solemne, que sería un cielo oscuro, a punto de esconder su hermoso rostro. Pero allí estaba: de palidez cenicienta, surcado velozmente por grandes nubes que se deshilachaban. Era nuevo para ella. Debía de haberse levantado viento. En la habitación de enfrente, la anciana se disponía a acostarse. Era fascinante verla desplazarse, cruzar la habitación, acercarse a la ventana. ¿Veía a Clarissa? Era fascinante, mientras la gente aún reía y gritaba en el salón, presenciar cómo la anciana, en completo silencio, se iba a la cama. Ya bajaba la persiana. El reloj comenzó a dar la hora. El joven se había suicidado, pero no lo compadecía; con el reloj dando la hora, una, dos, tres, no lo compadecía, con todo lo que estaba sucediendo. Por fin. La anciana había apagado la luz y toda la casa quedaba a oscuras, con todo lo que estaba sucediendo, repitió, y le vinieron a la cabeza las palabras: No debes temer al ardor del sol. Tenía que volver con sus invitados, pero ¡qué noche tan extraordinaria! Por alguna razón se sentía muy parecida al joven que se había suicidado. Le alegraba que lo hubiera hecho; que hubiese rechazado la vida mientras ellos seguían viviendo. El reloj estaba dando la hora. Los círculos de plomo se disolvían en el aire. Pero tenía que volver. Reunirse. Tenía que encontrar a Sally y a Peter. Salió de la habitación. 

Virginia Woolf
La señora Dalloway
Ed. Alianza, 2012
Trad. José Luis López Muñoz

Collage Dani Sanchís
Último suspiro