sábado, 9 de junio de 2018

Elogio al aburrimiento V


LA DECADENCIA DEL ARTE DE LAS LISTAS

Un día me decepcioné. Aunque tenía tarea suficiente para permanecer en mi cuarto por una buena temporada, un día advertí que el refinado arte de hacer listas, el arte eminentemente oriental de componer catálogos poéticos sin otro principio que la enumeración, está en decadencia, y más bien ha terminado por ceder ante el imperio del ranking. Casi no queda nada del espíritu que animó el descabellado artículo de la enciclopedia china que cita Borges en 《El idioma analítico de John Wilkins》; a muy pocos les interesa ya seguir el ejemplo de Sei Shônagon en “El libro de la almohada”, cuyas secuelas, cuya vibración recorre la literatura japonesa. Como si las vetas milenarias de la enumeración se hubieran agotado, arrasadas por la vorágine de la demasiada información, poco queda de aquella sensibilidad obsesiva, con un sentido sutil de la sugerencia, para la cual el universo, antes que un todo orgánico y homogéneo, es un conjunto abigarrado de cosas, un revoltijo de objetos, al que por tanto hay que reordenar una y otra vez, continuamente, así sea mediante el arte mental de las listas.

En las viejas listas orientales, donde se eludían por instinto los polos de lo exhaustivo y lo caprichoso, se agitaba el afán de encontrar el sitio verdadero, aunque provisional, de cada objeto, de cada sentimiento, de cada cambio de luz en el día (gracias a que los ordenamientos son inestables, pueden también ser verdaderos). A través de las listas se buscaba descubrir los ecos ocultos del mundo, las similitudes dispersas entre 《las diez mil cosas》, no importa que eso se consiguiera mediante una enumeración imposible o demasiado personal. El refinado arte oriental de las listas, que algún día se practicó para llenar el vacío de las horas, para dejar constancia de las cosas que pasan y nos abandonan, atraviesa hoy la peor etapa de su decadencia, hasta el punto de que se ha rendido por completo a la tiranía del “hit parade”.

Ed. Sexto Piso, 2012