sábado, 25 de marzo de 2017

Luz perfecta



Ahí estás, en toda tu inocencia, sentada entre los narcisos, como en una foto compuesta para el título: "Inocencia". Una perfecta luz ilumina tu cara como un narciso. Igual que el de aquellos narcisos sería tu único abril sobre la tierra entre los narcisos. En tus brazos, como un osito de peluche, tu nuevo hijo, de sólo un par de semanas en su inocencia. Madre con hijo, como en la pintura sacra. Y a tu lado, elevando hacia ti su risa, tu hija, apenas dos años. Como un narciso inclinas el rostro hacia ella, diciendo algo, pero tus palabras se perdieron en la cámara. Y el conocimiento dentro del montículo en que estabas sentada, una colina fortaleza con su foso, más grande que la casa, tampoco alcanzó la foto. Mientras tu instante siguiente, acercándose a ti como un soldado de infantería que lentamente volviese de tierra de nadie, inclinado bajo el peso de algo, tampoco te alcanzó nunca. Se derritió, sin más, en esa luz perfecta.

Ted Hughes   Cartas de cumpleaños
Ed. Lumen
Trad. Luis Antonio de Villena

En la foto Sylvia Plath, esposa del autor, y sus hijos Frieda y Nicholas.

Tú eres


Tú eres la profundidad de todas las cimas.

viernes, 24 de marzo de 2017

Tríada



El primero fue apenas una revelación,
torpe mas feraz.

El segundo tomó la palabra,
el reclamo, el cuerpo abierto. Nada.

Tú, el tercero, tuviste que ser
el que a mis labios diera el fulgor.

Nosotros, nunca, nunca,
pronunciaremos la palabra amor.

Nina Careless

Fot. Illa Meery 1930s

domingo, 19 de marzo de 2017

Finitud


La muerte siempre está en camino, pero el hecho de que no sepamos cuando llegará parece restarle finitud a la vida. Lo que odiamos tanto es esa terrible precisión. Pero como no sabemos, nos toca creer que la vida es un pozo sin fondo. Sin embargo, las cosas ocurren solo un determinado número de veces, en realidad, muy pocas. ¿Cuántas veces más recordarás cierta tarde de tu infancia, una tarde que forma una parte tan entrañable de tu ser que ni siquiera puedes imaginar la vida sin ella? Quizá cuatro o cinco veces más. Quizás ni eso. ¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Quizás veinte. Y sin embargo todo parece ilimitado.

Paul Bowles    El cielo protector

Fot. anónima del autor en Tánger

jueves, 16 de marzo de 2017

Profecías


Soy el profeta de lo que ya ha ocurrido. Leo el pasado en la palma de la mano de la mujer que amo, pronostico la lluvia que ya cayó, soy un experto en las nieves del año pasado, conjuro los espíritus de lo que siempre ha ocurrido, preveo los días de antaño, dibujo los planos de casas que ya se han caído, profetizo la pequeña habitación con sus pocos muebles: una toalla puesta a secar sobre la única silla, el arco de la ventana, curvado como nuestros cuerpos cuando se aman.

Yehuda Amijai

Fot. Matt Haddaway

Ulises pasa ante Ítaca


Ulises pasa ante Ítaca

¿Qué son esos peñascos, esa arena? Son Ítaca.
Sabes que están allí la abeja y el olivo,
y la esposa leal y el viejo perro,
pero mira, el agua brilla negra bajo tu proa.

¡No, no mires más esta ribera! 
Sólo es tu pobre reino. Tú no vas 
a tender la mano a ese hombre que eres,
tú, que no tienes ya tristeza ni esperanza.

Pasa, defrauda. ¡Que huya por tu izquierda! 
Mira que para ti se ahonda ese otro mar, 
la memoria que asedia al que quiere morir.

¡Sigue! Mantén el rumbo hacia la otra 
ribera baja, allá. Donde, en la espuma, 
juega aún el niño que tú fuiste aquí.

La larga cadena del ancla
La hora presente
Ed. Galaxia Gutenberg, 2016
Trad. Enrique Moreno Castillo


El mundo es nuestro



Con despecho se dio cuenta que una treintena de metros más abajo otra muchacha estaba cayendo. Era decididamente más bella que ella y portaba un vestido de media tarde con mucha clase. Quién sabe por qué, la otra descendía a una velocidad muy superior a la suya, hasta el punto que en pocos instantes la distanció y desapareció allá abajo, a pesar de los llamados de Marta. Sin duda iba a llegar a la fiesta antes que ella; tal vez era un plan calculado de antemano para suplantarla. 
Luego Marta se dio cuenta que ellas dos no eran las únicas que caían. A todo el largo de los flancos del rascacielos, otras mujeres jóvenes se deslizaban en el vacío, las caras tensas por la excitación del vuelo, agitando festivamente las manos como para decir: aquí estamos, aquí venimos, es nuestra hora, festéjennos, ¿no es verdad que el mundo es nuestro?

Dino Buzzati Una muchacha que cae
Trad. Bartolomé Leal

Fot. David Hochbaum, 2010

Sin miedo


Espíritu
Es vida
Fluye a través de mí
Interminablemente
Como un río
Sin miedo
A llegar a ser
El mar.


miércoles, 15 de marzo de 2017

Ni costumbre ni ganas


No tienes costumbre y no tienes ganas de establecer diagnósticos. Lo que te perturba, lo que te conmueve, lo que te da miedo, pero que a veces te entusiasma, no es lo repentino de tu metamorfosis, es al contrario, justamente el sentimiento vago y pesado de que no se trata de una metamorfosis, de que nada ha cambiado, de que siempre has sido así, incluso aunque no lo supieras hasta hoy: éste, en el espejo resquebrajado, no es tu nuevo rostro, son las máscaras que se han caído, el calor de tu cuarto las ha derretido, la torpeza las ha despegado. Las máscaras del camino recto, de las bellas certezas. Durante veinticinco años, ¿no has sabido nada de lo que hoy ya es inexorable? En lo que llamas historia, ¿nunca has visto fisuras? Los tiempos muertos, los pasajes vacíos. El deseo fugitivo y agudo de dejar de oír, de dejar de ver, de permanecer silencioso e inmóvil. Los sueños insensatos de soledad. Amnésico errante en el País de los Ciegos: calles anchas y vacías, luces frías, rostros mudos sobre los cuales deslizaría tu mirada. Nada te alteraría jamás.

George Perec  Un hombre que duerme
Ed. Impedimenta, 2009
Trad. Mercedes Cebrián Coello

Caparazón o armadura



Tumbado en la tienda, Michel esperó la aurora. A eso del final de la noche estalló una tormenta muy violenta; le sorprendió darse cuenta de que estaba un poco asustado. Luego el cielo se calmó, y empezó a caer una lluvia lenta y regular. Las gotas golpeaban la tela con un ruido sordo, a pocos centímetros de su cara; pero él estaba a salvo del contacto. De repente tuvo el presentimiento de que su vida entera iba a parecerse a ese momento. Se movería entre las emociones humanas, y a veces estaría muy cerca de ellas; otros conocerían la felicidad o la desesperación; pero nada de eso tendría que ver jamás con él, ni podría alcanzarle. Durante la velada, Annabelle le había mirado muchas veces mientras bailaba. Él quería moverse, pero no podía; sentía con toda claridad que se estaba hundiendo en un lago helado. Sin embargo, todo era excesivamente tranquilo. Se sentía separado del mundo por unos cuantos centímetros de vacío, que formaban en torno a él un caparazón o una armadura.

Ed. Anagrama. 
Trad. Encarna Castejón

martes, 14 de marzo de 2017

Una noche irresistible


En el fondo del hombre hay una noche irresistible. Cada anochecer, los hombres y las mujeres se quedan dormidos. Se hunden en esa noche como si las tinieblas fuesen un recuerdo.
Son un recuerdo. 
A veces, los hombres creen que se acercan a las mujeres; miran la expresión de sus rostros; tienden los brazos hacia sus hombros; vuelven a sus cuerpos cada anochecer y se acuestan contra sus costados, pero no por eso duermen; no son más que los juguetes de la noche, atados por la escena invisible que los ha engendrado y que arroja su sombra por todas partes y sobre todas las cosas.

Pascal Quignard  Terraza en Roma
Ed. Espasa, 2008
Trad. Encarna Castejón

Bajo tu lástima


Nunca me vi pequeña como ahora,
a los pies de tu altura
compasiva.

Nunca, como hoy, descalza
y azotada,
a un instante del nunca, irremediable.

Ya no vibra mi carne
en paraísos,
ni en infiernos, ni en manzanas, serpientes,
ni en exilios.

Bajo tu lástima

Kafka, 5 años

Franz Kafka (Praga, 1888, 5 años)

lunes, 13 de marzo de 2017

Soledades


Todos los espacios de nuestras soledades pasadas, los espacios donde hemos sufrido de la soledad o gozado de ella, donde la hemos deseado o la hemos comprometido, son en nosotros imborrables. Y, además, el ser no quiere borrarlos.

Gaston Bachelard

Nada es permanente


...Nada es permanente. Menos la palabra.
Esto tampoco,
esto tampoco,
esto tampoco...

de "Sin embargo"