martes, 7 de agosto de 2018

Histeria


Histeria

Mientras ella reía fui consciente de estarme envolviendo en su risa y ser parte de ella, hasta que sus dientes fueron sólo accidentales estrellas con talento para marchas militares. Fui atraído por cortos suspiros, inhalados a cada recuperación momentánea, perdido finalmente en las oscuras cavernas de su garganta, pulverizado por el oleaje de músculos invisibles. Un camarero mayor con manos temblorosas estaba apresuradamente extendiendo un mantel rosado y blanco sobre la herrumbrosa mesa verde de hierro, diciendo “Si la dama y el caballero desean tomar el té en el jardín, si la dama y el caballero desean tomar el té en el jardín…”. Yo decidí que si el palpitar de sus pechos pudiese ser detenido, algunos de los fragmentos de la tarde podrían ser recogidos, y concentré mi atención con cuidadosa sutileza a este fin.

T. S. Eliot
Trad. Fernando Vargas

domingo, 5 de agosto de 2018

Instrucciones para subir una escalera al revés


Instrucciones para subir una escalera al revés

En un lugar de la bibliografía del que no quiero acordarme, se explicó alguna vez que hay escaleras para subir y escaleras para bajar; lo que no se dijo entonces es que también puede haber escaleras para ir hacia atrás. Los usuarios de estos útiles artefactos comprenderán, sin excesivo esfuerzo, que cualquier escalera va hacia atrás si uno la sube de espaldas, pero lo que en esos casos está por verse es el resultado de tan insólito proceso. Hágase la prueba con cualquier escalera exterior. Vencido el primer sentimiento de incomodidad e incluso de vértigo, se descubrirá a cada peldaño un nuevo ámbito que, si bien forma parte del ámbito del peldaño precedente, al mismo tiempo lo corrige, lo critica y lo ensancha. Piénsese que muy poco antes, la última vez que se había trepado en la forma usual por esa escalera, el mundo de atrás quedaba abolido por la escalera misma, su hipnótica sucesión de peldaños; en cambio, bastará subirla de espaldas para que un horizonte limitado al comienzo por la tapia del jardín, salte ahora hasta el campito de los Peñaloza, abarque luego el molino de la Turca, estalle en los álamos del cementerio y, con un poco de suerte, llegue hasta el horizonte de verdad, el de la definición que nos enseñaba la señorita de tercer grado. ¿Y el cielo? ¿Y las nubes? Cuéntelas cuando esté en lo más alto, bébase el cielo que le cae en plena cara desde su inmenso embudo. A lo mejor después, cuando gire en redondo y entre en el piso alto de su casa, en su vida doméstica y diaria, comprenderá que también allí había que mirar muchas cosas en esa forma, que también en una boca, un amor, una novela, había que subir hacia atrás. Pero tenga cuidado, es fácil tropezar y caerse. Hay cosas que sólo se dejan ver mientras se sube hacia atrás y otras que no quieren, que tienen miedo de ese ascenso que las obliga a desnudarse tanto; obstinadas en su nivel y en su máscara se vengan cruelmente del que sube de espaldas para ver lo otro, el campito de los Peñaloza o los álamos del cementerio. Cuidado con esa silla; cuidado con esa mujer.

Julio Cortázar

Fot. Katrien de Blauwer

sábado, 4 de agosto de 2018

Penitencia


Penitencia

¿Mirar atrás será pasar
a ser de sal precaria estatua,
un perecer petrificado
preso en sí mismo, parte
del roto encanto de un paisaje
cuya música no logro más oír?

¿Debo matar lo que miré,
el mito que minuciosa
pliego y despliego,
grava para mi paso solo?
¿Ciega borrar lugares,
playas, vientos, el tiempo?

Sobre todas las cosas,
anular horas que se han vuelto inútiles
como lluvia que cae
sobre el mar implacable,
como mis propios pasos
si no son penitencia.


Untitled, 2016

miércoles, 1 de agosto de 2018

Un poco que sí importa


"Un poco que sí importa... y mucho que no"

1

El viento se levantó por la noche

Y se llevó todos nuestros planes.

(Proverbio chino)

2

Los pobres no tienen morada. Tienen hogares porque recuerdan a sus madres o a sus abuelos o a una tía que los crió. Una morada es una fortaleza, no un relato; mantiene a raya el viento. Una morada necesita paredes. Prácticamente todos los que son pobres sueñan con tener una pequeña morada, que es como soñar con el descanso. Por más aglomeración que haya, los pobres viven a la intemperie, donde improvisan, no moradas, sino sitios para ellos. Estos sitios son tan protagonistas como sus ocupantes; los sitios tienen una vida propia que vivir y no sirven a otros, como hacen las moradas. Los pobres viven con el viento, la humedad, el polvo del aire, el silencio, el ruido insoportable (a veces con ambas cosas, ¡es posible!), con hormigas, con animales grandes, con olores que suben de la tierra, con ratas, humo, lluvia, vibraciones de otras partes, rumores, con el anochecer, y con todos los demás. Entre los habitantes y estas presencias no hay líneas divisorias claras. Indisolublemente unidos, constituyen juntos la vida del sitio.

La felicidad no es algo que se busque, es algo que se encuentra, un hallazgo. Todo está allí instantáneamente.

Los poderosos no pueden contar historias: las bravatas son lo contrario de las historias.

Cuando las personas viven unas encima de otras cualquier acción emprendida por uno tiene repercusiones sobre los otros.

Los jóvenes son más flagrantemente jóvenes al otro lado del muro. El don se presenta como un don de la naturaleza, con toda su imperiosidad.

Todo sitio dentro de los muros es rentable, y eso incluye cada metro cuadrado; todo sitio fuera de ellos tiene el peligro de convertirse en ruina.

“La penumbra empezaba a establecerse; el cielo, envuelto en fría niebla gris, se estaba ya cerrando a la oscuridad; y el viento, tras haberse pasado el día haciendo susurrar a los rastrojos y los arbustos desnudos que se habían adormecido en preparación para el invierno, se acostó ahora sobre los lugares humildes e inmóviles de la tierra”.

A los pobres no se les puede apresar colectivamente. No sólo son mayoría en el planeta, sino que están por todas partes y hasta el más insignificante de los acontecimientos habla de ellos. Ésta es la razón de que la actividad básica de los ricos sea hoy la construcción de muros: muros de hormigón, de vigilancia electrónica, de bombardeo de misiles, campos de minas, controles fronterizos, y las pantallas opacas de los medios de comunicación.

3

Las vidas de los pobres son en su mayor parte aflicción, interrumpida por momentos de iluminación. Cada vida tiene su propia tendencia a la iluminación y no hay dos que sean iguales. (El conformismo es un hábito cultivado por los pudientes). Los momentos iluminados llegan en forma de ternura y amor: ¡el consuelo de ser reconocido, y necesario, y aceptado por ser lo que uno inesperadamente es! Otros momentos son iluminados por la intuición de que, a pesar de todo, la especie humana sirve para algo.

“Nazar cuéntame algo, algo que sea más importante que nada”.

Aidym bajó la mecha de la lámpara para gastar menos parafina. Ella comprendía que, dado que había algo en la vida que era más importante que nada, era esencial cuidar todos los bienes que había.

“Yo no sé qué importa de verdad, Aidym”, dijo Chagataev. “No he pensado en ello, nunca he tenido tiempo. Pero si los dos hemos nacido, entonces debe de haber algo en nosotros que importa de verdad”.

Aidym asintió: “Un poco que sí importa… y mucho que no”.

Aidym preparó la cena. Sacó una torta de pan de un saco, la untó con grasa de oveja y la partió por la mitad. Le dio a Chagataev la mitad grande y ella se quedó con la pequeña. Masticaron su comida en silencio a la débil luz de la lámpara. En la yurta y en el desierto todo era tranquilo, incierto y oscuro".

4

De vez en cuando, la desesperación se introduce en las vidas que son en su mayor parte aflicción. La desesperación es el sentimiento que sigue a la sensación de haber sido traicionado. Una esperanza contra toda esperanza (que aún está lejos de ser una promesa) se derrumba o la derrumban; la desesperación llena el espacio del alma que estaba ocupado por esa esperanza. La desesperación no tiene nada que ver con el nihilismo.

El nihilismo, en el sentido contemporáneo, es la negativa a creer en ninguna escala de prioridades más allá de la búsqueda del lucro, considerado como el fin último de la actividad social, de modo que, precisamente, todo tiene su precio. El nihilismo es resignación ante el argumento de que el Precio lo es todo. Es la forma más actual de cobardía humana. Pero no una ante la que los pobres sucumban con frecuencia.

“Él empezó a compadecerse de su cuerpo y de sus huesos; su madre los había reunido una vez para él a partir de la pobreza de su carne, no por amor y pasión, no por el placer, sino por la necesidad más cotidiana. Sentía como si perteneciera a otros, como si él fuera la última posesión de los que no tienen posesiones, a punto de ser malgastado para nada, y se apoderó de él la furia más grande y más vital de toda su vida”.

[Una palabra de explicación sobre estas citas. Son de los relatos del gran escritor ruso Andréi Platónov (1899-1951). Escribió sobre la pobreza que se produjo durante la Guerra Civil y después, durante la colectivización forzosa de la agricultura soviética a principios de la década de 1930. Lo que hacía que esta pobreza no se pareciera a pobrezas más antiguas era el hecho de que su desolación contenía esperanzas echadas por tierra. Cayó exhausta al suelo, se puso de pie, se tambaleó, y siguió avanzando entre fragmentos de promesas rotas y palabras aplastadas. Platónov usaba con frecuencia el término dushevny bednyak, que significa literalmente pobres almas. Se refería a aquellos a los que se les había quitado todo, de forma que su vacío interior era inmenso y en aquella inmensidad solamente quedaba su alma, es decir, su capacidad de sentir y sufrir. Sus relatos no aumentan la aflicción en que se vive, sino que salvan algo. “De nuestra fealdad crecerá el corazón del mundo”, escribió a principios de los años veinte.(…)

5

El secreto de contar historias entre los pobres está en la convicción de que los relatos se cuentan para que puedan ser escuchados en otros sitios, donde alguien, o quizá una legión de personas, sepan mejor que el narrador o los protagonistas de la historia qué significa la vida. Los poderosos no pueden contar historias: las bravatas son lo contrario de las historias, y cualquier historia, por plácida que sea, tiene que carecer de temor, y los poderosos viven hoy con nerviosismo.

Una historia remite la vida a un juez alternativo y más definitivo que está lejos. Puede que el juez esté situado en el futuro, o en un pasado que aún presta atención, o puede que en algún lugar más allá de la montaña, donde la suerte del día ha cambiado (los pobres tienen que referirse a menudo a la buena o mala suerte) de forma que los últimos se han convertido en los primeros.

El tiempo de la historia (el tiempo dentro de una historia) no es lineal. Los vivos y los muertos se encuentran como oyentes y jueces dentro de ese tiempo, y cuanto mayor sea el número de oyentes que parecen estar allí, más íntima se hace la historia para cada oyente. Las historias son una forma de compartir la creencia de que la justicia es inminente. Y por esa creencia, los niños, mujeres y hombres lucharán en un momento dado con asombrosa ferocidad. Por eso los tiranos tienen miedo a que se narren historias: toda historia remite de alguna forma a la historia de su caída.

“Dondequiera que fuese, sólo tenía que prometer una historia y la gente le acogía para pasar la noche; una historia es más fuerte que un zar. Sólo había una cosa: si empezaba a contar historias antes de la cena, nadie sentía nunca hambre y no le daban nada de comer. Así que el viejo soldado siempre pedía antes un cuenco de sopa”.

6

Las peores crueldades de la vida son sus aniquiladoras injusticias. Casi todas las promesas se rompen. La aceptación de la adversidad de los pobres no es pasiva ni resignada. Es una aceptación que atisba detrás de la adversidad y descubre allí algo innominado. No una promesa, porque (casi) todas las promesas se rompen; más bien algo parecido a un corchete, un paréntesis en el, por lo demás, implacable fluir de la historia. Y la suma total de esos paréntesis es la eternidad.

Esto también se puede explicar al revés: en esta tierra no hay felicidad sin un vivo deseo de justicia.

La felicidad no es algo que se busque, es algo que se encuentra, un hallazgo. La mayoría de los hallazgos, sin embargo, tienen una continuación; ésta es su promesa. El encuentro con la felicidad no tiene continuación. Todo está allí instantáneamente. La felicidad es lo que perfora la aflicción.

“Pensábamos que no quedaba nada en el mundo, que todo había desaparecido hacía mucho tiempo. Y si nosotros éramos los únicos que quedábamos, ¿para qué servía la vida?”.

“Fuimos a comprobar”, dijo Allah. “¿Había alguna otra persona en algún sitio? Queríamos saber”.

Chagataev les entendió y preguntó si esto significaba que ahora estaban convencidos sobre la vida y no morirían nunca más.

“Morir no sirve”, dijo Cherkezov. “Ahora podrías pensar que morir una vez es algo útil y necesario. Pero morir una vez no te ayuda a entender tu propia felicidad, y nadie tiene la oportunidad de morir dos veces. Así que morir no te lleva a ninguna parte”.

7

“Mientras los ricos bebían té y comían cordero, los pobres estaban esperando el calor y a que crecieran las plantas”.

La diferencia entre estaciones, como también la diferencia entre el día y la noche, el buen tiempo y la lluvia, es vital. El flujo del tiempo es turbulento. La turbulencia hace que el tiempo de la vida se acorte, tanto de hecho como subjetivamente. El plazo es breve. Nada perdura. Esto es tanto una plegaria como un lamento.

“(La madre) estaba pesarosa de haber muerto y haber obligado a sus hijos a llevar luto por ella; si hubiera podido, ella habría seguido viviendo para siempre para que nadie sufriera por ella, o malgastara, por ella, el corazón y el cuerpo que ella había dado a luz, pero la madre no había podido mantenerse viva mucho tiempo”.

La muerte se produce cuando a la vida ya no le queda ni una migaja que defender.

8

“… era como si estuviera sola en el mundo, libre de felicidad y de pesar, y quería bailar un poco, allí mismo, escuchar música, estrechar la mano a otra gente…”.

Están acostumbrados a vivir en estrecha proximidad unos con otros, y esto crea un sentido del espacio propio; el espacio no es tanto un vacío como un intercambio. Cuando las personas viven unas encima de otras cualquier acción emprendida por uno tiene repercusiones sobre los otros. Repercusiones físicas inmediatas. Todo niño aprende esto.

Hay una incesante negociación espacial que puede ser considerada o cruel, conciliadora o dominante, irreflexiva o calculada, pero que reconoce que un intercambio no es algo abstracto, sino un acuerdo físico. Sus elaborados lenguajes de signos de gestos y manos son una expresión de este compartir físico. Fuera de los muros la colaboración es tan natural como la lucha; los chanchullos son corrientes y la intriga, que depende de la posibilidad de mantener las distancias, es rara. La palabra privado tiene un timbre completamente distinto en uno y otro lado del muro. En un lado denota propiedad, en el otro un reconocimiento de la necesidad transitoria de otro de que se le deje, como si estuviera solo, durante un rato. Todo sitio dentro de los muros es rentable, y eso incluye cada metro cuadrado; todo sitio fuera de ellos tiene el peligro de convertirse en una ruina, y eso incluye todo rincón que sirva para resguardarse.

El margen de elección es también limitado. Ellos eligen tanto como los ricos, tal vez más, porque cada opción es más rígida que la anterior. No hay cartas de colores que den a elegir entre ciento setenta tonos distintos. La opción no da para mucho: o esto o aquello. A menudo se hace de forma vehemente porque conlleva el rechazo de lo que no se ha elegido. Cada elección está muy próxima al sacrificio. Y la suma de las elecciones es el destino de una persona.

9

No hay desarrollo (la palabra lleva D mayúscula, como si fuera un artículo de fe, al otro lado de los muros), no hay seguros. No existe ni un futuro abierto ni un futuro garantizado. El futuro no se aguarda. Y sin embargo hay continuidad, una generación se enlaza con otra. De ahí el respeto por la edad, porque los viejos son una prueba de esta continuidad, o incluso una demostración de que una vez, hace mucho tiempo, existió un futuro. Los niños son el futuro. El futuro es la lucha incesante por conseguir que tengan bastante para comer y a veces la posibilidad de que aprendan en la escuela lo que los padres no aprendieron nunca.

“Cuando terminaron de hablar, se arrojaron en brazos del otro. Querían ser felices ya mismo, ahora, antes de que su futuro y su trabajo entusiasta cosechara frutos en felicidad personal y general. El corazón no admite demora, se enferma, como si no creyera en nada”.

Aquí la única ofrenda del futuro es el deseo. El futuro induce al deseo a brotar hacia sí mismo. Los jóvenes son más flagrantemente jóvenes que al otro lado del muro. El don se presenta como un don de la naturaleza, con toda su imperiosidad y convicción suprema. Las leyes religiosas y comunales siguen estando vigentes. De hecho, es en medio del caos, más aparente que real, donde estas leyes se hacen reales. Pero el silencioso deseo de procreación es innegable y abrumador. Es el mismo deseo que irá en busca de comida para los niños y después intentará conseguir, antes o después (mejor antes) el consuelo de volver a joder. Éste es el don del futuro.

10

Las multitudes tienen respuestas a preguntas que aún no se han preguntado, y la capacidad de sobrevivir a los muros. Recorre esta noche con tus dedos la línea del nacimiento del pelo de ella (de él) antes de dormirte.


'Portrait of Cesarina Andreazzi Lazzari, Bleniotal'

lunes, 30 de julio de 2018

Abrí la verja de hierro


Abrí la verja de hierro,
Sentí como chirriaba, tropece en algún tronco
y miré una ventana encendida, 
pero la madrugada devoraba las hojas 
y tú no estabas allí diciéndome
que el mundo está roto y oxidado. 
Entré, subí en silencio las escaleras, abrí otra puerta,
me quité el saco, me senté, me dije estoy sudando,
comencé a golpear mi pobre máquina de hablar,
de roncar y de morir 
(tú dormías, tú duermes, tú no sabes cuánto te amo), 
me quité la corbata y la camisa,
me puse el alma nueva que me hiciste esta tarde,
seguí tecleando y maldiciendo, 
amándote y mordiéndome los puños. 
Y de pronto llegaron hasta mí otras voces: 
iban cantando cosas imposibles y bellas, 
iban encendiendo la mañana, 
recordaban besos que se pudrieron
en el río,
labios que destruyó la ausencia. 
Y yo no quise decir nada más: 
no quiero hablar, 
acaso en el chirrido de la verja rompí 
cruelmente el aire de tu sueño.
Qué importa entrar o salir o desnacer. 
Me quito los zapatos
y los lanzo ciego, amorosamente, contra el mundo.


domingo, 29 de julio de 2018

Ayudas


Veintiún poemas de amor III

Porque ya no somos jóvenes, las semanas han de bastar 
por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva
del tiempo me dice que ya no somos jóvenes. 
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada, a los veinte, 
con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno? 
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad 
atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada? 
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí. 
Son eternos tus ojos, verde destello 
de hierba salvaje refrescada por la vertiente. 
Sí. A los veinte creíamos ser eternas. 
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites. 
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana, 
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.

viernes, 27 de julio de 2018

Como sabrás


...como sabrás, amada y aún sin ello
la cena está servida a bofetones
como sabrás, percance duradero
acre queja la tuya de ayer mismo
amueblarán la savia de tus lágrimas
fecundadas en pos de una mentira
tal vez arrodillada la amargura
sobre un vaso de errores siempre míos
por encima campanas que un día alzamos
solidarios por luz del ascua cárdena
como espuma las grietas del ramaje
los acasos quizás y en el futuro
jocundo el salmo de la burda estaca
y qué ruda la sed de mocedades
te harán hablar hablar hablar
esplende

*

la impaciencia en declive
la sumisa pupila
mas presiento que el limo del regato
será mi surco andando a la deriva
el insolente calabozo en fiebre
con las nubes negándole otra sombra

nuestro mapa de amor tendrá resina
de algún árbol repleto de metralla
que aún descubre la pluma sobre el nido
las asperillas rojas tras la lucha
y un miliciano amigo a ras del sueño
en esta situación de circo adentro
qué racimo exprimir
qué entrañable canción darle al olvido
qué alocado rumor para los golpes
torturado mi amor indetenible
que en la esquina tostada de abril dijo
que un paso más un paso y muerto andaba

De "Amor peninsular" (1965)

Leyendo



miércoles, 25 de julio de 2018

Amante


1. Eludías 
el encuentro
con el tú
magnífico,
el que te toma
y te anula como tempestad
y de ti arranca al que busca.

2. Cómo pudiste vivir
de la idea
que la ocultaba,
con un sabor
que no era el de ella,
huyendo
de su aparecer
que era también el tuyo?

3. Llegas 
no a modo de visitación
ni a modo de promesa
ni a modo de fábula
sino
como firme corporeidad, como ardimiento, como inmediatez.

4. Llevas el amante
al lugar
del acontecer

-el lugar del asentimiento.

5. Él abre los ojos,
siente,
se abandona.
Sabe ya que nada, nada
le pertenece,
salvo su dependencia,
y acata
el extraño señorío.

6. Se creyó dueño 
y ella lo obligó a la más honda encuesta,
a preguntarse qué era en realidad suyo.
Después lo tomó en sus manos
y fue formando su rostro
con el mismo material del extravío, sin desechar nada,
y lo devolvió a los brazos del origen
como a quien se amó sin decírselo.

7. Misión
del amante:

arder
fuera del camino.

8. Enséñame,
rehazme
a fondo,
avívame
como quien enciende un fuego.

9. Destruye
la retórica del amante
y hazlo venir a pie, desnudo, sin arrimo,
a tu recio descampado.
Que pruebe a sostenerse ahí,
que sienta tu frío,
que vele.

De "Amante" 1983

Fot. Allan Kaprow 
Comfort zones

martes, 24 de julio de 2018

Leyendo

Solterona


Solterona

Esta chica de quien hablamos
en un paseo de abril ceremonioso
con su último pretendiente
súbitamente se asombró muchísimo
del charlar de los pájaros
y las hojas caídas.

Así, afligida, ella
vio que los ademanes de su amante
agitaban el aire y se irritó
entre el caos de flores y de helechos
acres. Juzgó los pétalos
confusos, la estación ajada.

¡Cómo deseó el invierno!
Austeramente, en orden minucioso
de blanco y negro
de hielo y roca, todo deslindado, 
de corazón a fría disciplina
sometió, exacto cual copo de nieve.

Pero he aquí: un capullo
de sus cinco sentidos de gran dama
una grosera confusión deduce:
traición intolerable. Que el idiota
se rinda al caos de la primavera:
prefirió retirarse.

Y rodeó su casa 
de alambradas y muros impasables
contra el tiempo rebelde
tanto que nadie lo rompiera
con maldiciones, puños, amenazas,
ni con amor tampoco.

de “El coloso” 1960

Versión de Jesús Pardo

lunes, 23 de julio de 2018

He visto elefantes


A veces siento una gran desconfianza por la escritura; creo que aunque sea subrepticiamente, uno, al escribir, cuenta cosas personales. ¿Y quién que pueda leer no es igual a uno? ¿Y quién que es igual a uno necesita que le cuenten lo que sabe? Pero más saludable es no cuestionarse los actos inevitables, como este de contar que uno ha visto elefantes y, mansamente, responder a la urgencia de contarlo. Porque nadie cuenta nada por contar, sino porque se le impone el cuento que, así, contado, se convierte no en el hecho que uno conoce, sino en el que es conveniente que los demás conozcan.

Ángel Bonomini 
Los lentos elefantes de Milán
Incluido en Todos parecían soñar. Cuentos completos
Pre-Textos, 2017

Leyendo


Soledad poblada


A veces me quedo dormido encogido así hasta medianoche y, al despertarme, levanto la cabeza y me doy cuenta de que tengo el pantalón empapado en la rodilla, es la saliva de haber dormido acurrucado como un gatito en invierno, como la madera de un balancín, porque puedo permitirme el lujo de abandonarme, aunque nunca esté abandonado, estoy solo para poder vivir en una soledad poblada de pensamientos, porque soy en parte un héroe del infinito y de la eternidad, y al Infinito y a la Eternidad les gustan las personas como yo.

Ed. Galaxia Gutenberg, 2012
Trad. Mónica Zgustova

sábado, 21 de julio de 2018

Guirnalda


Que crezcan lentamente 
las palabras

bajo la luz
bajo la gracia

o mejor callar
mejor la nada

Tantas bocas 
se alimentan de tu bien,
y tú, ¿qué conservas?

sólo la luz
sólo la oscura guirnalda de las letras 

PoesíaSextoPiso

viernes, 20 de julio de 2018

jueves, 19 de julio de 2018

Fusión




El famoso pintor Salvador Dalí y su mujer Gala, cuando eran ya muy mayores, tenían un conejo amaestrado al que querían mucho y que no se alejaba nunca de ellos. En una ocasión tenían que hacer un largo viaje y estuvieron discutiendo hasta muy entrada la noche qué hacer con el conejo. Era complicado llevarlo y era difícil confiárselo a alguien, porque el conejo desconfiaba de la gente. Al día siguiente Gala cocinó y Dalí disfrutó de una comida excelente hasta que comprendió que estaba comiendo carne de conejo. Se levantó de la mesa y corrió al retrete donde vomitó al amado animalito, al fiel amigo de su vejez. En cambio Gala estaba feliz de que aquel a quien amaba hubiera penetrado en sus entrañas, las acariciara y se convirtiera en parte del cuerpo de su ama. No existía para ella una realización más perfecta del amor que la de comerse al amado. En comparación con esta fusión de los cuerpos, el acto sexual le parecía sólo una ridícula cosquilla.

Milan Kundera
La inmortalidad
Ed. Tusquets, 2009
Trad. Fernando de Valenzuela

martes, 17 de julio de 2018

El tacto mudo


Vuelvo a los pájaros posados en las ramas desnudas del manzano. Esta mañana antes de abrir la farmacia me quedé un rato mirándolo y pensando en los estragos que causó el misil de la semana pasada. La casa de Gassan, el barbero, quedó completamente destruida, entre otras.

Uno a uno fueron apareciendo los pájaros; no volaban ni se ocultaban en el árbol, sino que se posaban como oraciones en sus ramas. El misil que destruyó la casa de Gassan apuntaba, alegan, a un refugio clandestino. Los pájaros venían a posarse como respuestas a unas preguntas que no tienen palabras. Mirando los pájaros, por fin lloré.

Gassan no estaba allí cuando destruyeron su casa. Había ido al mercado y estaba jugando a las cartas con sus amigotes. Cuando se enteró, se desmoronó y cayó al suelo, sin ruido.
Al día siguiente le acompañé a la ruina. Había varios epicentros, donde todo había quedado reducido a un montón de polvo bordeado de fragmentos minúsculos. A excepción de las tuberías y de los cables, no quedaban objetos reconocibles. Los objetos de toda una vida habían desaparecido sin dejar rastro, habían perdido su nombre. No era una amnesia de la mente, sino de lo tangible.
Se fue andando por la carretera hasta una de las casas abandonadas, antiguas ruinas en las que una ventana seguía siendo una ventana, aunque no tuviera cristal, y una silla, una silla, aunque le faltaran dos patas. Allí, en un cobertizo, encontró lo que buscaba: una escoba.

Entonces volvimos a lo que unos días antes había sido su casa y empezó a barrer, sin mirar al suelo, los ojos fijos en la distancia. Por instinto, no intervine; lo dejé actuar como si fuera un sonámbulo. No sé cuánto tiempo duró aquello. Abarcó toda una vida.

Barría sin moverse del sitio, sin mover los pies. Por fin, dejó de barrer y me miró, y esto es lo que me dijo: Cuando corto el pelo a un cliente, siempre barro después. Es una de las primeras reglas que aprendes en el oficio de barbero.

Lo tomé por el brazo, y Gassan no soltó la escoba. Me decía a mí misma que, tal vez, debería darle una dosis de valeriana officinalis. Así respondía mi oficio a la miseria que le había sobrevenido. ¡Qué poca cosa son nuestros oficios!

Tal vez, en los oscuros pliegues del tiempo no haya más que el tacto mudo de
nuestros dedos.
Y nuestras acciones.

John Berger
De A para X
Ed. Alfaguara, 2016
Traducción Pilar Vázquez

Fot. Josef Bartuška

lunes, 16 de julio de 2018

Movimiento


Hay un desierto. Pero tampoco tendría sentido decir que estoy en el desierto. Es una visión panorámica del desierto, ese desierto no es trágico ni está deshabitado, sólo es desierto por su color ocre y su luz, ardiente y sin sombra. En él hay una multitud bulliciosa, enjambre de abejas, melé de futbolistas o grupo de tuaregs. Yo estoy en el borde de esa multitud, en la periferia; pero pertenezco a ella, estoy unida a ella por una extremidad de mi cuerpo, una mano o un pie. Sé que esta periferia es el único lugar posible para mí, moriría si me dejara arrastrar al centro de la melé, pero seguramente me sucedería lo mismo si la abandonara. Mi posición no es fácil de conservar, incluso diría que es muy difícil de mantener, porque esos seres se mueven sin parar, sus movimientos son imprevisibles y no responden a ningún ritmo. Unas veces se arremolinan, otras van hacia el norte y luego, bruscamente, hacia el este, sin que ninguno de los individuos que componen la multitud mantengan la misma posición con relación a los demás. Así pues, también yo estoy en perpetuo movimiento, y eso exige una gran tensión, pero a la vez me proporciona un sentimiento de felicidad violento, casi vertiginoso.

Gilles Deleuze & Félix Guattari
Mil Mesetas
Ed. Pre-Textos, 2010
Trad. José Pérez Vázquez y Umbelina Larraceta