lunes, 17 de diciembre de 2018

Entonces


Entonces correré como antaño corría 
por la hierba, el bosque y el campo.
Entonces tú estarás de pie como una vez estuviste,
a modo de intimísimo saludo del mundo.

Entonces habrán quedado contados los pasos
que recorrieron la lejanía y la proximidad. 
Entonces habrá quedado narrada esta vida
como sueño soñado desde tiempos inmemoriales.

de Poemas
Editorial Herder
Trad: Alberto Ciria 



domingo, 16 de diciembre de 2018

La vara en flor


LA VARA EN FLOR

Voy donde amo y soy amada
hacia la nieve;

Voy hacia aquello que amo
sin ningún pensamiento de deber o piedad;

Voy hacia donde pertenezco, inexorable,
como la lluvia que no ha cesado de caer

hacia los surcos; he dado
o podría haber dado

vida al grano;
pero si éste no crece o madura

con la lluvia de la hermosura,
la lluvia retornará a la nube,

quien cosecha afila su acero sobre piedra;
pero éste no es nuestro campo,

no lo hemos sembrado;
impiadosos, impiadosos, dejemos

el sitio de la calavera
para aquellos que lo compusieron.
...

Satisfechos, insatisfechos,
saciados o entumecidos de hambre,

he aquí la urgencia eterna,
la desesperación, el deseo de equilibrar

la variante eterna;
tú percibes este llamado insistente,

esta demanda de un cierto instante,
la vocación de gozar, de vivir,

no el mero afán de perdurar,
la vocación de vuelo, de consecución,

la vocación de reposo tras un largo vuelo;
pero ¿quién conoce la desesperada urgencia

de esos otros –verdaderos tal vez ahora
míticos pájaros—que buscan, infructuosos, reposo

hasta que se desploman desde el punto más alto de
la espiral
o caen del centro mismo de un círculo cada vez más estrecho?

pues ellos recuerdan, recuerdan, al mecerse y revolotear
lo que existió una vez –recuerdan, recuerdan—

ellos no se desviarán –han conocido la bienaventuranza
el fruto que satisface –han retornado—

¿y si las islas se perdiesen? ¿si las aguas
cubrieran las Hespérides? Mejor es que recuerden—

recuerden las manzanas doradas del árbol;
Oh, no los compadezcas, mientras los ves caer uno por uno,

pues caen exhaustos, adormecidos, ciegos,
pero en un cierto éxtasis,

pues de ellos es el hambre
del Paraíso.

De Trilogía, 1944-1946
Traducción: María Negroni y Sophie Black

Mi poema


Te doy la espalda y nervioso muevo los dedos. No, ahora mis manos están en perfecta inmovilidad. Con exactitud abro un espacio en la librería y en él inserto el Don Juan. Ahí. Prefiero ser amado, prefiero ser famoso a seguir el camino de la perfección a través de las arenas. Pero ¿estoy condenado a producir asco? ¿Soy poeta? Tómalo. El deseo que llevo tras los labios, frío como el plomo, pesado como la bala, aquello con lo que apunto a las dependientas de comercio, a las mujeres, a las ficciones y a la vulgaridad de la vida (porque la amo), sale disparado hacia ti, cuando te arrojo – tómalo – mi poema.

Virginia Woolf
Las olas
Ed. Lumen, 2013
Trad, M. L. Purificación Méndez Gómez

sábado, 15 de diciembre de 2018

Vértigo


Vértigo

Duermes al borde siempre
del mismo precipicio.

De pronto a veces saltas hacia atrás.

Y aunque por el momento te libras de caer,
no te libras del vértigo.

Puntos de fuga 1996-2000

Serie Movimenti, 1967

viernes, 14 de diciembre de 2018

Postal


A poco de vivir juntos él decide hacerle un retrato, y busca una nueva técnica para preparar el fondo, un poco cansado de la decalcomanía…– Él está habitado por los rasgos de este rostro que lleva en la piel. Al ver el retrato, ella reconoce el rostro de su infancia, sí, toda la leyenda de su vida. Y las plantas que emergen espontáneamente del papel frotado, forman el viejo jardín de Grunewald bajo una ardiente puesta de sol. El nacimiento de este cuadro suscita en ella el deseo de aprender la técnica de la pintura a óleo. Hans le organiza una exposición en la rue Mouffetard para que ella muestre sus dibujos y cuadros. Estos preparativos, la selección de obras y de invitados así como el colgado de las mismas le procuran un gran placer. La galería es pequeña e íntima. A la inauguración asisten los filósofos Jean Wahl y Gaston Bachelard, André Breton acompañado de la joven Joyce Mansour, el pintor Victor Brauner, Man Ray y su mujer Julie. La exposición dura algunas semanas y ella vende algunas obras… Eso la motiva para próximos emprendimientos. ¿Quién le aconsejó crear postales animadas? Probablemente Hans. Una nueva pasión va a nacer. La primera carta postal que ella crea representa un cuerpo de mujer sin cabeza, con caderas voluptuosas, cuyo vientre es el centro de su vida interior, está montado sobre una placa rodante, representando varias imágenes a color, que aparecen una por vez cuando se mueve la placa. Hans y ella compran una pequeña botella de barniz y barnizan ligeramente la postal, lo que le confiere un aspecto precioso y reaviva los colores. Después, ella decide hacer un pequeño atlas anatómico desplegable: debajo de cada órgano se encuentra escondido otro. Ella trabaja con destreza y precisión, inspirada por la minuciosidad que aporta Hans a sus cuadros. Para otra carta postal que ella comienza a elaborar, él le aconseja insertar un pequeño hilo blanco pegado en el ornamento del dibujo. Ella lo consigue. Después ella recorta, por debajo, una pequeña ventana y pinta este recuadro de negro, sobre el mismo coloca una hoja roja de otoño. Esta carta será para Jean Arp; el atlas anatómico para Victor Brauner, quién responde enseguida con un pequeño dibujo a color, y la mujer cuyo imaginario se desarrolla en su vientre, será para Ernst Schroder. Naturalmente para Hans, ella fabrica una carta postal erótica. Sobre un fondo negro, se ve moverse, cuando se tira de una lengüeta, una pareja, disimulada por una puntilla negra. Ella dibuja las estampillas para cada una de estas cartas e inventa para algunas, direcciones de fantasía. Todas serán presentadas más tarde, en una exposición sobre surrealismo, organizada en la librería del editor Eric Losfeld.

Unica Zürn
Vacances à Maison Blanche. Derniers écrits et autres inédits.

Fot. anónima de la autora


La sed hospitalaria


Yvonne

La sed hospitalaria

¿Quién la oyó nunca quejarse?

Nadie más que ella hubiera podido beber 
las cuarenta fatigas sin morir,
Esperar, muy adelantada, a quienes venían después;
Desde el alba hasta el crepúsculo era su esfuerzo viril.

Quien ha excavado el pozo y sube el agua yacente
arriesga el corazón en la separación de sus manos.


Versión de Jorge Riechmann

jueves, 13 de diciembre de 2018

Sin cesar


Una sombra tristísima, indefinible y vaga
como lo incierto, siempre ante mis ojos va
tras de otra vaga sombra que sin cesar la huye,
corriendo sin cesar.
Ignoro su destino... mas no sé por qué temo
al ver su ansia mortal,
que ni han de parar nunca, ni encontrarse jamás.

En las orillas del Sar
Edición de Mauro Armiño
Ediciones Libertarias. Colección Clásicos, nº 2. 
Primera edición de mayo de 1998.

Fot. anónima de la autora

Una franja de luz


El amante volvió 
a ser sólo un tú,
una franja de luz
entre franjas de yo.

Ed. Pre-Textos, 2017


Humildad


HUMILDAD

Casi anónimos
trazos apenas
insinuaciones en un fondo con lluvia

¿Quién atiende lo desapercibido?

Tal vez el aguacero sólo

Distancia
y lluvia
para restar dolor al mundo 

Este será
el comienzo de una muerte sin ti 

Ed. Pre-Textos, 2015

Collage de Annabel Werbrouck


miércoles, 12 de diciembre de 2018

Me constelo a escondidas


Cada cual tiene su alcohol. Tengo alcohol suficiente con existir. Borracho de sentirme, vagabundeo y voy seguro. Si es hora, me recojo en la oficina como cualquier otro. Si no es hora, voy hasta el río a mirar el río, como cualquier otro. Y, por detrás de esto, cielo mío, me constelo a escondidas y tengo mi infinito.

Fernando Pessoa
El libro del desasosiego de Bernardo Soares
Ed. Seix Barral, 2010
Edición y traducción de Ángel Crespo

Fot. Léonard Misonne
Morning Wanderer (Self-portrait)

Traducciones


La realidad no es legible de manera evidente. Las ideas y teorías no reflejan sino que traducen la realidad, pudiendo traducirla de manera errónea. Nuestra realidad no es otra cosa que nuestra idea de la realidad. Del mismo modo, importa no ser realista en un sentido trivial (adaptarse a lo inmediato), ni irrealista en el mismo sentido (sustraerse de las coacciones de la realidad); lo que conviene es ser realista en el sentido complejo del término: comprender la incertidumbre de lo real, saber que existe una porción de lo posible aún invisible en lo real.

Edgar Morin

Fot. Ernesto Esquer

Hogar para sombras


Hogar para sombras.
Hogar para niños que buscan un padre.
Hogar para lagartijas y para piedras.
Hogar para señoras solas
y señores
que perdieron su edad en algún libro,
o en el bolsillo de algún suéter,
o en la caja que algún bromista
cambiara de lugar con una tarde de lluvia.

Hogar para la tristeza
es el silencio,
para los múltiplos de uno,
para nuestra sombra leyendo.
Hogar de señores solos y señoras
que han perdido la firmeza de las manos
en un recuerdo.

El silencio es
hollín, palabra muerta,
ciertos días o ciertas fechas;
y se parece a las tres de la mañana.

Alto, como una hora alta,
y cambiando lugares con ciertas miradas. Alto
y muy parecido a las lloviznas de junio
o a las lluvias bajitas de septiembre. Pero alto.


Noche de Sábado
Craigville, Minnesota, Septiembre 1937

lunes, 10 de diciembre de 2018

Regreso


REGRESO

Regresábamos, tras los días,
a la isla. Esta isla que es como un pájaro.
En cada curva entero se ofrecía
el paisaje en su ramo
aéreo de luz.
Como un pájaro, dijo, es esta isla.
Como un pájaro es, como su ala en vuelo
sobrevolando valles y arenales
de apaciguada lava
esta luz del regreso.
La luz que entreabrió la antigua sombra
tan blanca del almendro.

Ed. Trea, 2018


Impermanencia


Cerca de mi atalaya encuentro un lugar para meditar resguardado del viento; una depresión de la cresta donde la nieve se ha derretido. El aire frío de la montaña me aclara enseguida la mente y me siento mejor. Viento, hierbas estremecidas, sol: la hierba moribunda, el canto en las montañas de los pájaros que vuelan hacia el sur no son menos pasajeros que la roca misma; ni más ni menos, todo es igual. La montaña se encierra en su inmovilidad, mi cuerpo se disuelve en la luz del sol y caen por mis mejillas lágrimas que nada tienen que ver con el "yo". Ignoro qué es lo que las hace brotar.
En otras ocasiones entiendo las montañas de manera diferente, viendo en ellas su calidad de aguante, de resistencia. Incluso al acercarme respetuosamente (desafiar las cumbres como hacen los montañeros es otra cuestión), me asombran con su "permanencia", con esa tremenda e irrefutable "roquedad" que parece intensificar mi sentimiento de transitoriedad. Quizá ese miedo a la impermanencia explica el ansia con que consumimos los pocos bocados de experiencia pura, en carne viva, que nos ofrece la vida moderna, por qué la violencia es libidinosa, por qué la lujuria nos devora, por qué los soldados eligen no olvidar sus días de horror: nos aferramos a esos momentos extremos en los que parece que morimos y en los que, al contrario, renacemos. En el abandono sexual, al igual que en el peligro, nos vemos empujados, por muy brevemente que sea, a ese presente vital en el que no permanecemos al margen de la vida, sino que "somos" vida, nuestro ser nos llena; en el éxtasis con otro ser, la soledad desaparece en la eternidad. Pero en otro tiempo esa unión se conseguía por medio del simple asombro.

Peter Matthiessen
El leopardo de las nieves
Editorial Siruela, 2008
Trad. José Luis López Muñoz

Foto del iceberg al que se atribuye el hundimiento del Titanic

domingo, 9 de diciembre de 2018

En el refugio animal


En el refugio animal

Cada vez que ves a una mujer hermosa, alguien se ha cansado de ella, o eso dicen los hombres. 
Yo sé adónde van estas mujeres con su belleza cansada que nadie quiere, estas mujeres obligadas a vivir como el pino nevado en lo alto de la sierra, desde el principio de los tiempos, alimentadas por el viento alpino.
Se acercan a los animales, día tras día, y acarician su pelaje enjaulado, preguntando:
–¿Cómo está el niño de mamá? ¿Se siente solo el niño de mamá?
Las mujeres se marchan al final del día, no sin antes preguntarle al asistente:
–¿Irán a buenos hogares?
Y vuelven al día siguiente, más o menos, para examinar al gato tuerto, y preguntar, como si fueran a adoptarlo:
–¿Cómo podría presentarle un gato nuevo a mi perro?
Pero rara vez adoptan; es importante que las mujeres tengan alguien a quien abandonar, dejando atrás a criaturas llenas de amor que nunca les abandonarían una vez que les hubieran dado su corazón.


Ed. Seix Barral, 2017
Trad. Silvia Barbero 

sábado, 8 de diciembre de 2018

Teléfono


EL POETA HABLA POR TELÉFONO
CON EL AMOR

Tu voz regó la duna de mi pecho
en la dulce cabina de madera.
Por el sur de mis pies fue primavera
y al norte de mi frente flor de helecho.

Pino de luz por el espacio estrecho
cantó sin alborada y sementera
y mi llanto prendió por vez primera
coronas de esperanza por el techo.

Dulce y lejana voz por mí vertida.
Dulce y lejana voz por mí gustada.
Lejana y dulce voz amortecida.

Lejana como oscura corza herida.
Dulce como un sollozo en la nevada.
¡Lejana y dulce en tuétano metida!

Sonetos del amor oscuro


Irreconocible


Mi vida más verdadera es irreconocible, interior en extremo, y no tiene una palabra sola que la pueda describir.

Clarice Lispector
La hora de la estrella
Ed. Siruela, 2013
Trad. Ana Poljak

Fot. anónima de la autora


viernes, 7 de diciembre de 2018

Viendo llover


El color de las flores
se va desvaneciendo:
así pasa mi vida, vanamente,
envuelta en tristes pensamientos
viendo caer las largas lluvias.

Ed. Hiperión, 2004

Komachi Praying for Rain, ca. 1765


miércoles, 5 de diciembre de 2018

Felicidad


A pesar de sus treinta años, Berta Young tenía momentos como éste de ahora, en los que hubiera deseado correr en vez de andar; deslizarse por los suelos relucientes de su casa, marcando pasos de danza; rodar un aro; tirar alguna cosa al aire para volverla a coger, o quedarse quieta y reír... simplemente por nada.

¿Qué pude hacer uno si, aún contando treinta años, al volver la esquina de su calle le domina de repente una sensación de felicidad..., de felicidad plena..., como si de repente se hubiese tragado un trozo brillante del sol crepuscular y éste le abrasara el pecho, lanzando una lluvia de chispas por todo su cuerpo?

¿Es que no puede haber una forma de manifestarlo sin parecer “beodo o trastornado”?

La civilización es una estupidez.

¿Para qué se nos ha dado un cuerpo, si hemos de mantenerlo encerrado en un estuche como si fuera algún valioso Stradivarius?

Katherine Mansfield
Felicidad
Ed. Cátedra, 1991
Trad. Esther de Andreis

Collage de Federico Hurtado

Lo imprescindible


LO IMPRESCINDIBLE

Uno aprende que lo imprescindible
no eran los libros
no eran los discos
no eran los gatos
no eran los paraísos en flor
derramándose en las aceras
ni siquiera la luna grande -blanca-
en las ventanas
no era el mar arribando
su rumia rompedora en el malecón
ni los amigos que ya no se ven
ni las calles de la infancia
ni aquel bar donde hacíamos el amor con la mirada.

Lo imprescindible era otra cosa.

Colección visor de Poesía, 2003